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El Moncada y los jóvenes antes y después

Fidel y el MoncadaParecía que el Apóstol iba a morir en el año de su Centenario, que su memoria se extinguiría para siempre. Sesenta años han pasado desde entonces, sesenta  años de sentir a Martí más vivo que nunca sembrando las primeras semillas del deber, sesenta años de que un grupo de jóvenes enarbolara la memoria del Maestro como autor intelectual de las acciones de aquel 26 de julio de 1953, sesenta años del asalto al Moncada.

¿Pero fue este hecho un capricho repentino de rebelarse arma en mano contra la tiranía? No, fue el resultado de una preparación minuciosa inspirada en el valor y el compromiso de esos jóvenes que no se resignaban a ver la Patria oprimida; fue el desenlace de una situación revolucionaria que comenzó a gestarse desde el 10 de marzo de 1952.

El golpe de Estado de Batista mermó aún más la independencia y soberanía de Cuba, abrió en mayor medida las puertas del país a los monopolios yanquis, favoreció plenamente los intereses de los latifundios cubanos y extranjeros, incrementó la explotación de los obreros, campesinos pequeños y medios, empleados modestos y pequeños comerciantes.

Agravó el problema del desempleo crónico de los trabajadores, propició el aumento de las ganancias de las grandes empresas a costa del nivel de vida de las masas, derrochó las divisas de nuestro país, aplastó las pocas libertades democráticas existentes antes del 10 de marzo.

Además, continuó la senda de corrupción y vicios de los gobiernos anteriores, llevó a cabo el saqueo bandidesco del tesoro público, el desfalco de las cajas de retiro de los trabajadores y desencadenó la más brutal y sanguinaria ola de terror que recuerda la historia de Cuba.

En resumen, agudizó al máximo todas las contradicciones inherentes al régimen neocolonial que padecíamos y se fue gestando una situación revolucionaria, en medio de la cual la vanguardia encabezada por Fidel Castro traza una nueva estrategia revolucionaria que tenía dos rasgos básicos: vertebrar un movimiento independiente ajeno a los politiqueros corrompidos y desencadenar la insurrección popular armada como forma más alta de la lucha de masas.

Solo así se podía librar a la Isla de tanto oprobio y los jóvenes del Centenario lo sabían, los movía un ideal justo y contaban con el arma más poderosa: el amor a su Patria.

Sesenta años después la juventud cubana ha tenido muchos Moncadas, y no precisamente asaltos armados, sino batallas ideológicas para mantener las conquistas de aquella generación que obtuvo la victoria definitiva en 1959. Desde entonces los jóvenes siempre han estado en la primera trinchera con el estudio, el trabajo y las misiones sociales, como protagonistas en la producción, los servicios, la ciencia, la técnica, la medicina, la educación, el deporte, la economía, el arte, la agricultura y la defensa del país.

Somos la generación del aniversario sesenta del Asalto al Moncada, y entre nosotros, vive para siempre el legado de aquellos que no dejaron morir al Apóstol en el año de su Centenario.

 

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