En los últimos días el nombre de James Holmes acapara la atención de los medios de difusión masiva en todo el mundo. El joven norteamericano de 24 años de edad, natural del estado de Tennessee, optó por ser protagonista de una película real dentro de un filme de acción y ficción. Lo divulgado resulta aún escalofriante ¡Cuántas vidas truncadas, cuánta inocencia exterminada!
Un cine de la localidad de Aurora, a las afueras de Denver, Colorado, resultó el escenario ideal para propinar el contundente golpe de espanto. 14 muertos y 70 heridos, ese fue el saldo de la matanza cometida por Holmes, ciudadano norteamericano que ya integra la lista de tantos y tantos homicidas responsables de enlutar familias, pueblos, naciones, ciudades.
Ante espeluznante verdad vale preguntarse ¿Cómo es posible que esto suceda en el país que se auto proclama como “primero en la batalla contra el terrorismo”? Triste resulta apreciar la forma de pensar y actuar de uno de los representantes de la joven generación estadounidense asfixiado quién sabe, si por el odio de vivir en la nación que recrudece y cada día hace más difícil la existencia del hombre sobre la tierra, gobierno que avasalla, asesina y mata motivado por las insaciables ansias de poder.
El joven, que portaba una escopeta, un rifle, una pistola y un chaleco antibalas, poseía también explosivos en su apartamento. ¿Hasta cuando las administraciones norteamericanas pondrán a la venta armas que solo generan violencia? Esta acción posibilita a narcotraficantes, mafiosos y criminales saciar su sed de exterminio. Es hora ya que ese país extinga el terror, es hora ya que esa sociedad millonaria en recursos pero muy, muy pobre en espiritualidad humana se convenza que lo más importante es el hombre, el que llora y se lamenta por la crueldad desmedida de corruptos mortales, el que se deja acompañar por la creatividad y el talento, el que construye, persevera y triunfa, en pocas palabras: El hombre de hoy.











