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Los abuelos, un voto de respeto por ellos

  • Publicado en Opinión

Los abuelos ocupan un lugar privilegiado en la familia.Muchas veces escuchamos decir: José Martí escribió de todo, parece imposible que en su época tuviera esa amplia visión de futuro. Y es que el apóstol  profundizó de manera extraordinaria en lo inimaginable. De él aprendimos el amor a la patria, a la vida, al valor de la existencia. Ese amor se distribuye a todos, se comparte y multiplica, se manifiesta a diario y en esa acción ocupan un lugar privilegiado: Los abuelos.

 

“No hay cosa más bella que amar a los ancianos. El respeto es un dulcísimo placer”, así expresó el apóstol en 1875, afirmación que convoca y anima a dedicarle a los que peinan canas el tiempo merecido.

Muchos seres humanos cuando llegan a la tercera edad la asumen con el mismo entusiasmo de un niño cuando juega con su juguete preferido, con la misma ternura de una madre que recibe por vez primera el abrazo apretado de su hijo y le susurra al oído: Mamá, te quiero mucho, otros le temen por el debilitamiento del cuerpo, porque al mirarse al espejo su rostro no es el mismo, porque se ven más cerca del adiós eterno que lo acostumbrado.

La vejez es un reto, asumirla con disposición vale, para los más jóvenes y los adultos que aún no tocan las puertas de la longevidad, resulta agradable ver a los abuelos avanzar, luchar y no claudicar, razones que nos hacen recordar  lo expuesto por el maestro Martí en 1881: “No sé qué tienen los ancianos fuertes que con mirarlos se alegra el alma y cobra fe y pujanza “.

Cada etapa de la existencia humana sobre la tierra merece respeto, por eso  hagamos nuestro el llamado, ayudemos a los abuelos a conquistar el mundo, ellos, los más experimentados, los mismos que no regatean y demuestran incondicionalmente su pasión por la familia, el trabajo, la sociedad y su satisfacción por los días vividos, no olvidemos que también el cubano universal  dijo: “Es glorioso, y da anhelos de glorias, un anciano que ha vivido bravamente. Esos son monumentos que andan, y que aún cuando caen en tierra, y emparedados en su ataúd se hunden en ella, quedan en pie”.