De Cuba, experiencias memorables para compartir.
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Desde pequeña mis padres me inculcaron el valor del patriotismo, me incentivaron a conocer la historia de Cuba, a descubrir las bondades de la naturaleza y a ver la vida con la mirada puesta en el futuro.
Cuando se realizó por vez primera en la nación la constitución de la Asamblea Nacional del Poder Popular, tenía solo 5 años de edad, eso aconteció el 24 de febrero de 1976. El tiempo transcurrió y fui creciendo, la Revolución me permitió asistir a la escuela, aprender a leer, escribir, prepararme y formarme como la profesional que soy hoy.
En mi etapa universitaria tuve la suerte de contar con buenos amigos, excelentes profesores y graduarme en la alta casa de estudios de la heroica y hospitalaria ciudad de Santiago de Cuba, la Universidad de Oriente.
Desde niña y hasta la fecha he aprendido a valorar con mayor profundidad la humildad de la obra que comenzó a gestarse el 1 de enero de 1959 en una isla del Caribe decidida a no amilanarse jamás, una Cuba que sabe sobreponerse y confía en este, el camino correcto, el que nos conduce a la libertad plena, al goce espiritual, al triunfo de las ideas.
Gratificante resultó para mí en este domingo histórico, jornada en la que quedó constituida la Asamblea Nacional del Parlamento Cubano en su OCTAVA legislatura, recordar el empeño de mis padres y su incansable afán de convertirme en mejor persona cada día, pensar en lo grandioso de la Revolución y en la entrega incondicional a ella , de sus líderes, héroes, mártires y gente de pueblo y muy estimulante fue ver en horas del mediodía por la televisión cubana la presencia del líder Fidel en el Palacio de la Convenciones , el Fidel de Cuba, de Latinoamérica y el mundo , el Fidel que ni el paso de los años ha podido ensombrecer su inteligencia. Otra vez le vimos, atento, a la escucha de cada palabra, cada rostro, cada idea, con el inmenso amor por su tierra rebelde y redentora reflejado en su rostro que ya no es el mismo de ayer pero en él se dibujan los rayos de un sol resplandeciente y solidario capaz de iluminar a todos sin distinción de razas, credos, culturas, ni edades.
Lo experimentado en los años que he vivido hasta ahora, constituyen experiencias que poco a poco comparto con mi pequeño hijo de 8 años José Leandro y lo hago con el mayor de los orgullos porque sé, así aprenderá a amar mucho más a su patria .
Lo acontecido hoy ya está plasmado en mi libreta de apuntes significativos y segura estoy, desde ya, será un tema para recordarle a mi chiquilín cuando sepa y tenga la edad exacta de comprender mucho mejor cuanto puede hacerse a favor de la vida, a favor de la existencia de todo ser humano sobre la tierra, apunte que también compartiré y lo prometo, con las futuras generaciones de una Cuba eternamente agradecida de sus hijos que la veneran, defienden y respetan.