Rodeado de amor, Javier enfrenta la vida
- Escrito por Niurka Rivero Navarro/ Editado por: Bárbara Cortellán Conesa
- Publicado en Gente de Pueblo
Mar, 2015.- Había escuchado hablar de él, su sobrina Madai Cruz me contó que los movimientos de su tío son involuntarios, que todo el que le conoce ha aprendido a amarle y respetarle al punto de no verle diferente, y es que Javier Chiú Fernández, es capaz de conquistar corazones con su alegre sonrisa y con esa manera indescriptible de adorar a su mamá Magdalena Fernández Valdés.
Javier al nacer inhaló meconio en sus pulmones, tras lo inesperado muchas fueron las horas de insomnios de su familia. Batalló y logró salvarse. En su larga historia de consultas y visitas reiteradas a hospitales del país, los médicos que le atendieron sólo le daban como esperanza de vida nueve años.
La historia que hoy comparto con todos segura estoy entristece el alma, pero tanto pudo el amor maternal que el protagonista de esta página vive en la inmensidad de un mundo pletórico de cariño, atenciones y mucha ternura.
El bebé nacido el cuatro de febrero de 1984, celebró este 2015 su cumpleaños 31 rodeado de amigos, vecinos y familiares. Estremece escuchar las palabras entrecortadas de su mamá Magdalena al contar cómo ha sido la vida de Javier, pero regocija esa fuerza de voluntad que le caracteriza y que ha hecho posible que el hijo, al que le dedica todo el tiempo la observe y con manos intranquilas recorra su rostro como muestra de agradecimiento eterno.
Pese a su padecimiento, mamá Magdalena, de profesión maestra, se ocupa de educar a Javi, como cariñosamente le llama. Con el apoyo de la pedagoga Ángela Rodríguez lograron enseñarle a manipular la radio casetera, grabar cassett, pronunciar algunos nombres de sus seres queridos más cercanos, encender el televisor, buscar los canales con el uso del mando, practicar dominó y también entender algunas jugadas propinadas por los peloteros en el béisbol.
Javier avisa mediante señas y sonidos cuando tiene sed y disfruta al máximo la magia de la música. Gusta de las interpretaciones del salvadoreño Álvaro Torres, en especial la canción ‘Chiquita mía’ y es fiel seguidor de Víctor Mesa, actual director del equipo de pelota de Matanzas. Su pasión por el deporte nacional le convoca a visitar los estadios y no perderse de los encuentros ni un solo detalle.

En su álbum de memorias aparecen fotografías acompañado del atleta Omar Linares, conocido en todo el orbe como ‘el niño Linares’, también con el popular artista Arnaldo y su Talismán y otros retratos con su hermana Lisyanis Chiú, sus sobrinos, la gente del barrio y pobladores de la comunidad de Borbollón, en Colombia, Las Tunas.
Javier Chiú Fernández no se vale por sí solo, sus años de existencia llevan el sello de la entrega familiar y del sistema de salud cubano. Integra la Asociación de Limitados Físico Motores (ACLIFIM) y destaca como uno de los asociados más entusiastas. Ha recibido ayuda humanitaria de la Brigada internacional Pastores por la Paz y nunca falta a las actividades programas por la agrupación que le representa.
Vale entonces cerrar esta leyenda con una frase martiana que resume todo: “No hay mayor dificultad que suficiente amor no conquiste”.