Sitio donde la salud prevalece para todos
- Escrito por Niurka Rivero Navarro/ Editado por: Bárbara Cortellán Conesa
- Publicado en Locales
Jun, 2015.- Es el hospital municipal Armando Enrique Cardoso, en Guáimaro, un recinto que acoge a los enfermos, un sitio donde no sólo te percatas del calor humano, también de la solidaridad entre pacientes, familiares y médicos.
Al caminar por sus pasillos y recorrer la sala de Angiología, encuentras a Eduardo Barzaga Esquivel, que producto de problemas circulatorios fue sometido a una operación necesaria para salvar su vida. El abuelito de 93 años de edad, amado por sus hijos y nietos, ya no cuenta con sus extremidades inferiores, pero se aferra a luchar por seguir disfrutando del aire del campo, la alegría de quienes tanto velan su sueño y despiertan en su arrugado rostro, la más gratificante sonrisa.
Ejemplos como el del anciano Eduardo, ponen al descubierto que pese a cualquier circunstancia lo importante es encontrar una razón para continuar viviendo.
A sólo dos pasos de donde es atendido el longevo batallador, espera por su pronta recuperación la cascorreña Nieves García, ella sufrió una trombosis en su pierna derecha. Disciplinada cumple con las órdenes del médico, sabe que su padecimiento es serio y requiere de mucha paciencia. Entre cama y cama una historia parecida experimenta el colombiano Rangel Zelada, que sereno y tranquilo, reposa y recibe no sólo la mano amiga del doctor y las enfermeras, también el beso amado de su esposa.
Olga Puga, es otra colombiana, diabética hace más de 20 años. Sufrió una lesión en dos dedos de su pie izquierdo, bajo tratamiento constante no pudo superarla y fue operada con urgencia. Muy cerca de ella, permanecen sus familiares más cercanos que con mucha ternura exclaman ¡Ahora nos toca a nosotros hacer por mamá Olga!
Conocer de cerca al angiólogo Yoanis Torres Padilla, demuestra que el amor engendra maravillas. Este joven galeno camagüeyano que presta servicios en el municipio más oriental de la tierra del Mayor, atesora el don humano y mágico que devuelve la esperanza y la salud espiritual a todos los que ven en su diaria labor el refugio donde la vida es siempre una oportunidad para servir y amar.
En la entidad de salud que poco a poco se remoza y acondiciona se escuchan los pasos de médicos y enfermeras, prestos a no perder ni un solo minuto en su quehacer dirigido a salvar a los enfermos. Las laboratoristas realizan los análisis correspondientes, temprano en la mañana acuden a la sala y con un agradable buen día, alejan el miedo y los malos augurios de los hospitalizados.
La ejercitación matutina y vespertina de los operados pone al descubierto que la intervención quirúrgica fue todo un éxito. La alegría de los internados delata con mucho optimismo y fe, el agradecimiento que a partir de ese momento se transforma en testimonio de una verdad que no defrauda.