Niña guaimareña orgullosa de educarse en Cuba
- Escrito por Niurka Rivero Navarro/ Editado por: Bárbara Cortellán Conesa
- Publicado en Opinión
Oct, 2015.- Entre los momentos inolvidables acontecidos en los primeros días del décimo mes del año, no olvido el experimentado en la escuela primaria Joaquín de Agüero y Agüero, en Guáimaro, centro escolar sede del acto provincial de inicio de la jornada Camilo-Che y la entrega de la pañoleta azul a los pequeños que inician la vida estudiantil y se declaran pioneros y pioneras “Moncadistas”.
En el recinto donde prevaleció el entusiasmo infantil tuve la oportunidad de conocer a Samary Hernández Martínez, una niña que no escatimó en decirme, “quiero una foto acompañada del busto de José Martí”, su petición la cumplí al segundo. Cámara en mano, fijé el lente y en un abrir y cerrar de ojos la instantánea salió a relucir.
Esta infante guaimareña me sonrió con la misma intensidad que lo hizo Pilar, protagonista de la historia Los Zapaticos de Rosa, sentí la dulzura de la voz de un campanilla cuyo sonido deleita y apasiona.
No demoré en dialogar con su mamá Maricelis Martínez Bazán que orgullosa y emocionada me comentó acerca del amor que siente su hija por la historia de Cuba, sus héroes y mártires. “El patriotismo le viene de cuna” así expresó la madre satisfecha de ayudar en la formación de la futura mujer cubana que desde ya agradece a la nación donde vive, la oportunidad de educarse, prepararse para la vida y hacer realidad sus quimeras.
La amena plática conquistó mi preciado tiempo como profesional del Periodismo, ese que planificamos para redactar informaciones, crónicas, comentarios. Con rapidez anoté en mi agenda un dato curioso y a la vez conmovedor.
En la conversación con Maricelis, supe que Samary debe su nombre a una estudiante venezolana, graduada en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), joven bolivariana que hoy en su quehacer diario entrega lo mejor de sí a la humana y hermosa labor de aliviar a los enfermos, curar a los pacientes y posibilitarles mayor calidad de vida.
Sencilla, jovial y risueña, con su rostro bisoño Samary conquista el mundo, se sabe dichosa de haber nacido en Cuba, plena y feliz de sus padres y familiares que tanto le aman. Ella representa el toque de ternura de su hogar, sí, el espacio divino donde encuentra votos de fe, afecto, cariño y esperanzas.
Samary Hernández Martínez es muy pequeñita y por ahora no tiene mucho que contar, eso sí, segura estoy, cuando crezca, continuará amando su patria con la misma devoción, porque sabe que su mañana está garantizado y sus sueños y anhelos puede transformarlos en realidades.
Así, con la mirada puesta en el futuro culmino esta página que aunque efímera lleva implícito el mensaje de una cubanita que en su actuar cotidiano hace valer la frase martiana: “Los niños son los que saben querer; los niños son la esperanza del mundo”.