José Martí vive en los niños guaimareños
- Escrito por Niurka Rivero Navarro/Editado por: Bárbara Cortellán Conesa.
- Publicado en José Martí
May, 2016.- Caminar por los amplios pasillos de la escuela de la enseñanza primaria Joaquín de Agüero y Agüero, en Guáimaro, no sólo despierta en mí la remembranza, sí, allí estudié del primero al sexto grados, allí aprendí a leer, escribir, aprendí a amar a José Martí, el maestro, que ya adulta, continúa sorprendiéndome.
Allí, en el mismo centro donde integré la Organización de Pioneros José Martí (OPJM) estudia mi retoño, que junto al resto de sus compañeritos de aula conforman equipos para hablar del apóstol.
Cuando mencionan las palabras fe, patria y poesía, en sus rostros bisoños despierta el amor a Cuba, país que tanto los dignifica, nación que necesita de ellos para vivir, latir y eternizarse.
Al observarlos exponer, buscar en las páginas de los libros, revisar revistas, documentos, periódicos, preguntar una y otra vez, siento que de sus corazoncitos comienza a brotar la pasión martiana, más que un descubrimiento, estos destellos de la edad ratifican que el pensamiento de Martí se reparte en cuadernos, textos, leyendas, que enseñan a crecer.
Como anunciándose en ocurrencias de niños intrépidos e incansables, se sienten sabios, capaces de transformarse en los personajes de La Edad de Oro, en las fuentes inspiradoras del poema, la música, el pentagrama, los sueños, capaces de sentirse Martí, sí, porque el más universal de los cubanos vive en ellos para abrirles desde pequeños los surcos de la memoria, la misma que comienzan a enriquecer con hechos para siempre inolvidables.
Ellos, los pinos nuevos, saben que José Martí puso en sus manos la obra del mejoramiento. En este mayo primaveral, cuando toda Cuba rememora el 121 aniversario de su caída en Dos Ríos, un grupo de niños guaimareños, unidos y hermanados aseguran que continuarán labrando este huerto, sí, este huerto llamado Cuba, tierra donde el autor intelectual del Moncada desplegó la más humana de las estrategias sustentada en la máxima: “Con todos y para el bien de todos”.