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José Martí, su hijo, una breve historia

  • Publicado en José Martí

José Martí y su hijo José Francisco.Jun, 2016.- El tercer domingo de junio se celebra en Cuba el Día de los Padres, fecha significa para homenajear a esos seres que como las madres, resultan también imprescindibles en los procesos de nacimiento, crecimiento y desarrollo del hombre nuevo, forjador del mañana.

Cuando se habla de padres, hay que pensar en José Martí, independentista que escribió de todo, estudió, indagó y en sus más tiernas obras patentizó el valor de una frase inolvidable: “Soy hijo y todo lo suyo me es sagrado”.

En la literatura del autor del libro ‘La Edad de Oro’, nunca faltó la pasión por su retoño, del que tuvo que separarse alrededor de 11 años y dos meses, impulsado por el amor a la Patria.

Al morir el más universal de todos los cubanos, su vástago contaba con 16 años de edad. Recoge la historia que José Francisco nunca se acostumbró al fallecimiento de su padre. Junto a Carmen, su madre, se afanaron en recuperar el cadáver de Martí.

El ‘23 de mayo de 1895’, Pepito escribe a Gonzalo de Quesada, en la misiva, la profundidad de las palabras ponen al descubierto el profundo pesar por el padre perdido: “Tengo 16 años pero las energías todas de mi alma, están despiertas para llorar a mi padre”.

Aunque pocas veces se vieron, aunque el tiempo para ambos se transformó en distancia, José Francisco cumplió con la última voluntad de su padre, el mismo que en su poemario Ismaelillo le llamó “batallador volante”. El hijo del apóstol se sumó a la lucha, participó como artillero en las batallas de Tunas de Bayamo y de Guisa, así como en el sitio de Santiago de Cuba, en el Combate de Daiquirí y en el embarque de las tropas cubanas desde ese aserradero. También asistió al Combate de las Auras, y los que se sucedieron hasta el ‘18 de agosto de 1898’.

El hijo de José Martí, José Francisco, por sus méritos, con sólo 19 años, recibe el título de “veterano de la independencia de Cuba”.

Este breve recorrido por una página histórica inolvidable pone al descubierto cuanta fuerza espiritual y humana prevaleció siempre entre Martí, el cubano independentista que amó, sí, amó intensamente a Cuba, a su idolatrada Carmen y a su más preciado tesoro, su hijo José Francisco:

Espantado de todo me refugio en ti.

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.

Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así. Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de verte en forma, he cesado de pintarte. Esos riachuelos han pasado por mi corazón.

¡Lleguen al tuyo!

(Prólogo al poemario Ismaelillo, que Martí dedicó a su hijo y que fue escrito en Venezuela en 1881)