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Dos hombres, dos historias, un mismo ideal

  • Publicado en Opinión

Natalicio de Antonio Maceo Grajales y Ernesto Che Guevara.Jun, 2016.- Día memorable para todos los cubanos es este 14 de junio, jornada que por azar del destino marcó el nacimiento en años y épocas diferentes, de dos grandes hombres, patriotas de estirpe y corazón, valientes guerreros protagonistas de difíciles contiendas, amantes hasta la médula de la justicia y la libertad.

Cuba se privilegia de contar con héroes como ellos, Antonio Maceo y Ernesto Che Guevara, el primero nacido en la localidad de Majaguabo, en San Luis, Oriente, en 1845, el segundo, en Rosario, ciudad de Argentina, en la América del Sur, en 1928.

El mulato, hijo de Marcos y Mariana, participó en más de 89 acciones de guerra y sobrevivió en las 10 más cruentas batallas de la contienda del 95. El patriota catalogado por el Generalísimo Máximo Gómez como la figura más excelsa de la Revolución, el mambí independentista que recibió 25 heridas de bala en su cuerpo, dos balazos en los muslos, dos en el costado derecho, cuatro en el vientre, seis en el pecho, tres en los brazos, dos en los hombros, tres en la mano derecha, dos en las piernas y una en el cuello, inspiró a José Martí a escribir en el periódico Patria en 1894: “Aún queda en el cuerpo del general Maceo espacio suficiente para unas cuantas cicatrices”.

Antonio Maceo no huyó en ninguna circunstancias, desafió la lucha de frente, fue un verdadero Titán, el Titán de Bronce de la isla mayor de las Antillas, tierra que hoy le recuerda, venera y por siempre le agradece su fuerza de voluntad, entrega, coraje y audacia.

Años después, impulsado por el mismo ideal, un argentino devenido cubano comenzaba a formar parte de la Historia de Cuba, Ernesto, sí, el guerrillero, el Che nuestro, latinoamericano y del mundo, el compatriota que al pasar por México, estableció contacto con los revolucionarios que preparaban la expedición del Yate Granma, allí conoció a Fidel, se anexo al grupo y poco a poco se ganó la confianza de los rebeldes que desde el primer día admiraron su solidaridad, su extraordinaria manera de pensar, su capacidad de organizar, convencer y ganar el abrazo amigo.

El médico que curó a los heridos y salvó vidas, demostró sus dotes de combatiente, el soldado que corrió inmensos peligros, sin retroceder, con valor ejemplar, se convirtió en protagonista de una proeza que encontró su momento cumbre el ‘1ro de enero de 1959’.

La pasión por la Revolución lo transformó en un cubano más, trabajador incansable, dirigente cabal, ejemplo de esfuerzo, sacrificio e internacionalismo, luchador siempre ansioso por construir, edificar y asumir tareas.

Este ‘14 de junio de 2016’, una vez más se abren las páginas de los libros que atesoran apuntes de Antonio Maceo y Ernesto Che Guevara, estrategas que manifestaron tanto en la teoría como en la práctica su incondicional apego a la equidad, traducida en una sola frase: ¡Siempre la Independencia!