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Entre amor, hechizo y guitarra, pervive la melodía

  • Publicado en Opinión

Armando García Maceo, en el corazón de l pueblo guaimareño.Jul, 2016.- Guáimaro es una hamaca donde se prenden las historias locales. De cada una de ellas se aprecian elementos que identifican la villa. La música es una de las manifestaciones culturales de más arraigo en la región más oriental de Camagüey.

Diversos formatos, creadores, canciones, comparten con una mirada común. Poder asumir ese aire local es siempre un privilegio que permite afirmar que la tierra protagonista de la primera Constitución de la República en Armas, es también la historia de canciones memorables.

Diferentes cantores andan y desandan la ruta de la trova tradicional. Guitarra y trovador buscan los nexos de la verdadera belleza  musical y nos invitan al sitio más pleno, donde está la melodía.

Lo más cercano a la trova tradicional guaimareña lo aporta el Trio Ray. De sus integrantes, dos por azar del destino complacen desde el firmamento, mientras, Yulién Alfonso González, el tercero, prometió no dejar morir el legado de los maestros Armando García Maceo y Rodolfo González Pérez. 

La trova es una de las corrientes más fuertes de la música. El aire trovadoresco incide en todo lo que toca. En la ciudad cuna de la Constitución, perviven los ecos de las interpretaciones disfrutadas en la voz de Esther Romero, permanente en la historia musical del territorio. Despuntan los nuevos, los que afinan oídos y deslumbran con un timbre arrollador que valida la perpetuidad de los grandes, en esa lista de decanos resalta el nombre de la instructora de música Yolanda Ramón, formadora de tantas y tantas generaciones de artistas.

Como la música, el eco y la guitarra, también la trova trasciende en el tiempo, magia capaz de atrapar corrientes y fijar patrones  identitarios y rítmicos con giros armónicos  de gran complejidad.

La trova hechiza, el trovador embelesa, la melodía se aferra a no morir jamás.