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Poeta cubano dueño de la más absoluta libertad de creación

  • Publicado en Opinión
Nicolás Guillén, Poeta Nacional de Cuba.

Jul, 2016.- Su imagen está en todas partes, en el negro, en el indio, en el cubano. Sempiterna se presenta en la isla mayor de las Antillas, esa que tanto le inspiró, tierra que mucho amó. Es Nicolás, sí, el Guillén que cada 10 de julio vuelve a nacer para ratificar su inmortalidad y su eterna permanencia en el corazón de niños, jóvenes y adultos orgullosos de saberle por siempre nuestro y reconocerlo como el creador cubano que hasta su último aliento, actuó con firmeza y con un concepto fuerte y claro del bien nacional.

El artista, el creador que hoy tanto enorgullece a los cubanos, no enflaqueció jamás e hizo realidad su proyecto literario en el que incluía el intento de unir a la población en el buen sentido y los valores humanos. Nicolás lo logró, supo encarar y aceptar las consecuencias plenas de luchar por sus metas, reaccionó sin titubear contra las condiciones violentas que prevalecían en Cuba antes del triunfo revolucionario, con su poesía fortaleció lazos, solidificó ideas y condenó toda manifestación inhumana, racista y desleal.

Nació Nicolás Guillén, el 10 de julio de 1902. Transcurrido el tiempo, de niño pasó a adolescente, de la adolescencia a la juventud, de la juventud a la adultez y de esta a la longevidad. En cada etapa aprendió a evaluar el mundo que le rodeaba, sobre todo el de la sociedad, la cultura, idiosincrasia, la pasión por la gente de pueblo, esa que le animó en las buenas y malas, la misma que aún hoy se asombra por la grandeza espiritual y talento infinito del Poeta Nacional, proveedor de la magia que atrapa al más ávido lector con propuestas como: Motivos de son(1930), Sóngoro consongo (1931) Cantos para soldados y sones para turistas(1937), por solo citar algunos ejemplos reveladores del ingenio artístico que caracteriza su obra.

El fundador de la revista La Gaceta de Cuba, la mejor publicación literaria del país, renace una y otra vez, presto a demostrar el hechizo que atesora la valiosa acción de saber y vivir.