Más que una fecha para celebrarles en el amor
- Escrito por Gelsy Rodriguez Rivero.
- Publicado en Opinión

Un niño o niña en casa cambia la vida del hogar, acelera las rutinas y afianza los sentimientos. Con las preocupaciones, el sacrificio y la dedicación también llegan la alegría, las motivaciones, la necesidad y el deseo de enseñarles y educarles bien; por eso el mundo se nos llena de colores, el amor se nos hace más completo y aprendemos a descubrir en una pequeña sonrisa o una mirada tierna la verdadera felicidad. Cómo no celebrarles entonces, cómo no dedicarles un día especial, que para nosotros, es el tercer domingo de julio.
Todo empezó tras la Primera Guerra Mundial, cuando se comenzó a generar una preocupación y conciencia sobre la necesidad de protección especial para los infantes. Una de las primeras activistas sobre este tema fue Eglantyne Jebb, fundadora de la organización Save the Children, la cual con ayuda del Comité Internacional de la Cruz Roja impulsó la adopción de la primera Declaración de los Derechos de los Niños.
Esta declaración fue sometida para su aprobación ante la Liga de las Naciones, la cual la adoptaría y ratificaría en la Declaración de Ginebra sobre los Derechos de los Niños, el 26 de septiembre de 1924. Al año siguiente, durante la Conferencia Mundial sobre el Bienestar de los Niños, llevada a cabo también en Ginebra, se declaró, por primera vez, el Día Internacional del Niño, señalando para tal efecto el primero de junio.
En 1954, la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la resolución 836 del 14 de diciembre, recomendó que se instituyera en todos los países un Día Universal del Niño y sugirió a los gobiernos que lo celebraran en la fecha que cada uno de ellos estimara conveniente.
En Cuba celebramos el Día de las niñas y los niños el tercer domingo de julio, una jornada para querer y divertirse, para jugar, reír, aprender, amar. Actividades se planifican y hay fiesta en cada rincón del país, de este país construido sobre la confianza en la niñez como seguro relevo, en su cuidado y protección, en su defensa, en la máxima de que son, como nos enseñó José Martí, la esperanza del mundo; pero la mayor fiesta ha de ser en los corazones de las familias, en el abrazo y el beso de un padre y una madre, en la alegría, en el ejemplo.
No es solo el tercer domingo de julio el día para ellos. Dedicarles tiempo, paciencia y mucho cariño, escucharles, atenderles, decirles y demostrarles lo mucho que les queremos y cuán importantes son para nosotros, es la mejor manera de celebrar, cada minuto de la existencia, a esas niñas y niños que nos hacen mejores seres humanos.