Chávez desde la eternidad, continúa comprometido con la patria.
- Escrito por Niurka Rivero Navarro
- Publicado en Opinión

Guáimaro, 2016.- Aunque un tanto convulsa la situación, Venezuela muestra al mundo su capacidad de resistencia, el valor y dignidad de su pueblo empeñado pese a desafectos, injerencias y guerra económica, en no dejar morir el legado de su líder supremo: El eterno Comandante Hugo Rafael Chávez Frías.
Entre los opositores al gobierno y los seguidores y defensores del proceso revolucionario, la figura inmortal de un gigante de América se levanta para ratificar que allá en el firmamento como lo hizo en la tierra, anda con Bolívar para arriba y para abajo, que no ha parado de charlar, de reproducir pensamientos, de cultivar la ideología del Libertador, de Zamora, de Maisanta, y es que el Chávez de todos, jamás escatimó en patentizar su pasión bolivariana.
Segundos, minutos, horas, días, noches, meses, años, se tornan propicios para recordar al mejor amigo de Cuba, el mismo que se sintió entusiasmado, cuando el ‘16 de diciembre de 1982’, su jefe, en el regimiento de paracaidista, el coronel Manrique Maneiro, le llamó para que pronunciara unas palabras en la jornada de conmemoración de la muerte de Bolívar. En aquel entonces el rebelde chistoso, valiente y optimista era jefe de la ayudantía del Coronel y auxiliar de inteligencia del Estado Mayor del Regimiento de Paracaidistas de Maracay.
Él, sí, el patriota incansable que se reunía con algunos grupos militares comenzaba a despuntar en el movimiento bolivariano que se gestaba, gremio que dio sus primeros frutos a finales de los 80, particularmente después del Caracazo, en febrero de 1989.
Con altas y bajas, el trabajo ideológico, político y organizativo de los venezolanos sumados a la lucha se consolidaba.
Vigilado y aislado, Hugo Chávez, metido en las sabanas de Elorza, se percató que esa experiencia era lo que le faltaba para conformar una visión integral de su país, el mismo que hoy batalla por mantener su legado.
Comentar acerca de Chávez, es rememorar al padre que desde la cárcel escribió a su hija María Gabriela, el ‘14 de febrero de 1992’: “María, yo estoy bien, sobre todo tranquilo de conciencia. Hice lo que tenía que hacer, con la esperanza de que las cosas cambien, con la ilusión bolivariana de que haya para ustedes un mundo mejor en el futuro, un mundo donde no haya tanta injusticia y tanta corrupción, donde los niños tengan comida, vivienda, medicinas, juguetes, escuelas. Todos los niños de Venezuela”.
Leer y releer anécdotas del ser humano que no traicionó sus orígenes, nos permite dibujar con la fuerza de la mente, el alma y el corazón, al bolivariano-venezolano, que catalogó a Fidel Castro Ruz como un padre, un compañero, un maestro de la estrategia perfecta.