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Majestuosa y nada vanidosa conquistó el universo con su luz

  • Publicado en Opinión

Superluna, un regalo exclusivo de la naturaleza.

Noviembre, 2016.- Su llegada se anunció con días de antelación, todos la esperaban con los brazos abiertos y la mirada fija en el futuro. Los enamorados se disponían a lucir sus mejores galas y declarar los más profundos sentimientos bajo su cobija, no hay equívocos, ella, la dama que acompaña las noches se presentó más redonda y reluciente, más cerca que nunca de la tierra, presta a transmitir ese ánimo que se dibuja en verso, sueños, fe y amor.

Hubo quien prefirió perder los más mínimos detalles de su programa de televisión favorito para acudir al encuentro de la señora, dueña del cielo en penumbras, reina, testigo y también protagonista de tantas historias pletóricas de paz, alegrías, tristezas, lágrimas y esperanzas.

La observé frente al espejo, penetré en sus profundidades y sentí el clamor de los refugiados del mundo pidiendo clemencia, el llanto incontrolable de los niños sirios, afganos, palestinos, que desesperados ansían tener primaveras, escuché el reclamo de naciones hermanas que dicen no a la injerencia en sus asuntos internos, los lamentos de miles de estadounidenses en desacuerdo con los resultados de las elecciones presidenciales, percibí el temor de los seres de carne y hueso constantemente amenazados por el egoísmo, la ambición y las inhumanas guerras. Pensé en el hombre, en el derecho que todos tenemos a nacer, crecer, desarrollarnos y vivir, plenos, soberanos, libres.

La ternura también tocó a las puertas del corazón que agitado retornó al pasado siempre sempiterno, al punto de despertar la remembranza de los seres amados que ya no están físicamente, pero perviven en el recuerdo, avivó los pasajes de la infancia feliz, de los momentos de alegría cuando aprendemos a escribir mamá, papá, de aquellos años de adolescencia, el instante del primer beso o la primera declaración de amor, confesión que te demuestra que agradas, importas, existes.

Corría a la casa y volvía una y otra vez a la calle para admirar a la propietaria de unas horas inolvidables que por ley del destino y mandamiento natural transcurrirían abrazadas al silencio de una noche invernal. Ella, supo bailar como princesa sin perder su esplendor, rodeada de un manto negro inmenso afianzó su fortaleza, su poder de ensueño, su capacidad de alumbrar al mundo y adueñarse de él, como única emperatriz superluminosa presta a dejar atónitos y con la boca abierta a los que, al caminar por llanos, montañas, montes y ciudades, no pudieron obviar su presencia deslumbrante.

Exquisita, melancólica, taciturna, romántica, envuelta en belleza, acaparó la atención de todos. Con su luminosidad ratificó la perseverancia de la amiga que brilla, la misma que sale en las noches y escapa en las mañanas, que unas veces se esconde y otras se opaca, pero siempre está ahí, dispuesta a acompañarnos y este 14 de noviembre de 2016 decidió asistir a la fiesta como la “superluna” eternamente encendida para los poetas que cantan, los corazones que aman; los pensamientos que vuelan, y los espíritus que danzan.

Superluna tomada desde Guáimaro. Foto: Bárbara Cortellán Conesa

Toma de la luna detrás de un árbol desde Guáimaro.

Superluna vista desde Guáimaro. Foto: Bárbara Cortellán Conesa

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