Entre gestos y sonidos Javier dice: Yo soy Fidel
- Escrito por Niurka Rivero Navarro
- Publicado en Por siempre Fidel

Dic, 2016.- No voy a hablarles de un joven común, les hablaré de un muchacho que a pesar de estar condenado a una silla de ruedas jamás pierde la alegría y el entusiasmo de contar con una familia que entiende sus gestos, adivina sus expresiones por medio de sonidos y le ayuda a pintar la vida de colores.
Por estos días de profunda tristeza Javier Chiú Fernández se debate entre la añoranza y el dolor. Desde el justo momento en que conoció la noticia del fallecimiento del Comandante Fidel Castro Ruz, sus ojos verdes no brillan con la intensidad acostumbrada, sus brazos temblorosos se mueven sin cesar, la inquietud se apodera de su cuerpo, parece como si quisiera hablar y gritar a los cuatro vientos el sufrimiento por la muerte del hombre que hizo posible que él sobrepasará sus 32 años de vida.
En la historia de Javier la figura de Fidel ocupa un lugar privilegiado, gracias al líder que hoy toda Cuba llora, este joven tiene primaveras. Al padre eterno le dedica sus mejores besos, siente que no se ha ido, por eso desde el pasado 25 de noviembre de 2016, fecha que marca el deceso físico del más genial de los hombres del siglo XX, Javier se deja acompañar de un sencillo retrato con la instantánea de Fidel.
Mucho quisiera expresar, pero su padecimiento se lo imposibilita, Javi no conoce de idiomas, eso sí; ha aprendido a valorar y descubrir el más poderoso de los lenguajes, el del amor, sentimiento que agradece también a Fidel, de todos, su mayor maestro, siempre dulce y sencillo, enérgico y cordial.
Javier Chiú Fernández, no es un joven común, es un ser humano que despierta emociones, capaz de enorgullecer a amigos y familiares con su fuerza de voluntad y perseverancia, características que engrandecen al Fidel nuestro, al Fidel de Cuba y la América toda.
Un muchacho se declara bendecido, un muchacho con limitaciones físicas y mentales, se sobrepone a los azares del destino y solicita a sus seres queridos ser retratado con el político que en todo momento desenvuelve una nueva tesis, la de la noble obligación del revolucionario, que debe ser desinteresado, leal y justo.
No hay equívocos, Javier también es Fidel.