Educarse en el amor
- Escrito por Niurka Rivero Navarro
- Publicado en Locales
Guáimaro, 23 ene.- Con el trabajo conjunto de entidades jurídicas, educativas, políticas y de masas, se garantiza en la región más oriental de Camagüey el fortalecimiento y protección de la familia, célula básica de la sociedad.
La satisfacción de necesidades básicas de los individuos mucho depende del núcleo familiar, cuna y sustento de todo el desarrollo social, gremio imprescindible en la formación integral de cada ciudadano.
Los vínculos entre la escuela y la familia, la labor de la Casa de Orientación a la mujer y la familia y el respaldo de las instituciones jurídicas en defensa de las familias funcionales destacan en el empeño dirigido a fortalecer la atención de los padres hacia los hijos, la preocupación por el desenvolvimiento de estos en los centros estudiantiles, la consolidación de los niveles de comunicación, comprensión y entendimiento.
Por su parte, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en el territorio presta especial atención a la capacitación de las féminas para lograr una adecuada repartición de roles en casa, donde todos los que en habitan en ella se respeten y asuman las mismas responsabilidades y tareas.
La Constitución de la República de Cuba en su capítulo cuarto, artículo 38, dice que los progenitores tienen el deber de dar alimentos a sus hijos y asistirlos en la defensa de sus legítimos intereses y en la realización de sus justas aspiraciones; así como el de contribuir activamente a su educación y formación integral como ciudadanos útiles y preparados para la vida en la sociedad socialista. Los hijos, a su vez, están obligados a respetar y ayudar a sus padres.
Este apunte más que compromiso representa inspiración para las familias guaimareñas activas en la formación de hombres y mujeres educados, capaces de defender intereses individuales y colectivos, de reforzar valores y lograr aspiraciones, las mismas que ratifican la existencia de distintas formas de ser útil a uno mismo y a los demás, y de ser felices.
En el territorio cuna de la Constitución, madres, padres, hijos, hermanos, abuelos, tíos, primos hacen suyo el llamado que invita a no discutir ni pelear, a entenderse entre todos y no condenar, a cultivar el amor verdadero y hacer que este extraordinario sentimiento como lo catalogó el maestro José Martí perdure a través del tiempo.