Reina cubana que jamás pierde su don de princesa
- Escrito por Niurka Rivero Navarro/Editado por: Bárbara Cortellán Conesa
- Publicado en Locales
Febrero, 2017.- Ella es majestuosa y hospitalaria, hermosa y querida por muchos. Atesora misterios y un sinfín de anécdotas que incentivan a profundizar en su interior, el mismo que sabe a pueblo, a historia, el mismo que atrapa, endulza y enamora.
Ella apunta en el almanaque un año más de vida y aunque longeva se siente la más joven, de rostro bisoño, que estremece con sus ojos, atrapa fuerzas y conquista públicos.
Ella, es así de sencilla, animada y entusiasta, pletórica de hijos que le quieren bien, de niños, jóvenes y adultos afincados a sus raíces, esas que lejos de enflaquecer demuestran su inigualable energía ante las inevitables ventiscas.
Ella viste con gracia y a la vez se desnuda ante la mirada del atónito observador. Ella en su nuevo cumpleaños reafirma que atesora el don de trascender, de que cada día sean más los que acudan a su encuentro.
Entre magia, luz, historia y cultura, transcurren sus jornadas, todas las agradece, las recibe con complacencia porque siente el palpitar de los que no traicionan ni abandonan, de los que siempre le dedican la frase tierna, el halago casi perfecto, el mensaje estremecedor, el mismo que ratifica ¡Cuán importante es para la nación que le contempla orgullosa!
Este 2 de febrero de 2017, ella despierta más lozana y bella. En la brisa propia de un invierno a lo cubano se dibuja su estirpe de guerrera, su deseo de perseverar, su empeño de durar siglos y siglos.
Ella es esa novia que todos quieren tener, sí, las que muchos reguardan en casa en fotografías, afiches o sencillamente en el corazón.
Ella es Camagüey, ciudad de los Tinajones, de emblemáticas iglesias, la tierra del Mayor Ignacio Agramonte y Loynáz, la urbe que celebra hoy el aniversario 503 de su fundación.











