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Gracias a él, crece el orgullo de ser cubano

Fidel, el Guerrillero del Tiempo.

Ene, 2018.- El inolvidable líder de la Revolución Cubana fue un hombre de diálogo, su mensaje lo compartía con todos, sin importar credo, ideología o manera de pensar. Fidel atesoraba el don de aglutinar públicos y enorgullecer pueblos, los mismos que aprendieron a verle como un baúl de conocimientos humanísticos.

Niños, jóvenes y adultos encontraron siempre escucha y opinión sincera en el Guerrillero del tiempo, Comandante constructor de puentes capaz de juntar en el mismo corazón el eterno amor a Cuba.

En estos días de enero su figura de gigante fulgura como el epitafio perfecto, desde su prometedora carrera intelectual con maestría e ingenio recorrió otros caminos en los que no sólo ganó experiencias, aplausos y agradecimientos, también la acción de gracias traducida en títulos de pasión, esa con la que se entregó a la mayor de las Antillas y la América toda.

Hoy día cientos de cubanos comparten el altar donde no faltan las velas encendidas, los pedidos, las gratitudes de los fieles. Entre ofrendas florales sus eternos discípulos sienten que el ser humano ejemplar no ha muerto, vive sempiternamente en el alma de los humildes de la tierra.

Siempre que se recuerdan las alocuciones de Fidel se aquietan las exclamaciones y los murmullos. La acontecida el 8 de enero de 1959 en el Polígono de Columbia palpita por estas jornadas, la interrogante ¿Voy bien Camilo? resurge como música de fondo, la imagen de la paloma blanca en su hombro izquierdo se presenta con la misma nitidez de aquel inolvidable momento.

Fidel nos enseñó a ser como somos, a preguntar ¿Vamos bien? ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué queremos?

Fidel Castro Ruz se nos ha ido físicamente, sin embargo, desde su morada definitiva aporta su sabia y usanza, su fuerza y energía en la difícil pero hermosa tarea de construir la Patria.

Para los guaimareños redescubrir pasajes de la vida del adalid cubano es como resucitar al hombre adepto al respeto, la equidad, al compromiso, al reto, en una sola palabra a la Revolución. 

Desde la ciudad cuna de la Constitución, sus habitantes no olvidan jamás al consejero quien nos definiera no desde nuestro orgullo, sino desde nuestra condición de hombres y mujeres colmados de virtud y fidelidad a la gloria que se ha vivido.

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