Amalia e Ignacio, sus hermosos sueños perviven en el tiempo
- Escrito por Niurka Rivero Navarro.
- Publicado en Locales

Ene, 2018.- Una historia de amor no languidece pese al decursar del tiempo, una leyenda apasionada se multiplica en la Cuba revolucionaria y muy en especial en la tierra agramontina que orgullosa se identifica con el nombre del más excelso de sus hijos: Ignacio Agramonte Loynaz, El Mayor, el patriota amado por su Amalia, el independentista que estremece las inolvidables páginas de una nación presta a fortalecer la convicción de que cualquier tarea es posible si se empeñan para materializarla el honor, la vergüenza y la voluntad.
Para los pobladores en el más oriental de los territorios camagüeyanos recordar gestas, héroes y mártires, rememorar la vida de los mortales ganadores del derecho a trascender más que una posibilidad representa una suerte de vida, por eso, siempre que el calendario marca la jornada del 23 de enero, la retrospectiva de una relación resplandece por su fuerza y estoicismo, por su ejemplo y su grandeza traducida en perpetuidad imperecedera.
Un día como hoy pero en ‘1918’ a la edad de 72 años, fallece en La Habana Amalia Simoni Argilagos, la ejemplar patriota y amante esposa de Ignacio Agramonte, vale entonces el homenaje a la activa colaboradora de las fuerzas mambisas, a la hermosa y culta dama principeña que prestó servicios en hospitales de campaña, a la Amalia de gran sensibilidad para el arte y una cultura exquisita, a la luchadora independentista que en la gesta de la Guerra de los Diez Años, detenida por las fuerzas españolas, se le exigió que escribiera a Agramonte para que renunciara a la contienda. Su respuesta fue tajante y contundente: “Primero me dejo cortar una mano antes que escribirle a mi esposo para que sea un traidor".
Eterno amor enriquecido con ternura y cartas
En el verano de ‘1866’ comienza el noviazgo de Amalia e Ignacio. Con el consentimiento paterno, inicia la pareja un noviazgo idílico que se conserva en el tiempo mediante 74 cartas consideradas un testimonio de amor dotado de hermosura. Desde las primeras misivas destaca la devoción hacia su amada. En todas expresa el deseo inquebrantable de que su cariño la haga feliz, que cuide de su salud y, sobre todo, que se entretenga y distraiga. Eh aquí algunos fragmentos de los escritos de Agramonte a su Amalia:
[…] yo no te quiero casi como tú a mí. Si quieres tener una idea (ya que no una medida porque no la admite) de mi amor, multiplica el tuyo, que me figuro que es grande, por la inmensidad del espacio y por la eternidad del tiempo y su resultado te la dará. No quiere ni se inquieta una madre por el hijo que contempla en sus brazos como yo por ti, ni concibo amor alguno que alcance la intensidad y vehemencia del mío. […] San Diego, abril 13 de 1867.
[…] ¡Si tú supieras como el corazón te adora, como mi pecho se abrasa y arde por ti, sólo por ti, siempre por ti! La Habana, mayo 8 de 1867
Antes faltará el firmamento y el orden universal que sujeta a los astros entre sí, que faltar el amor que a ti me liga […]” Habana, Mayo 27 de 1867
[…] Sí, bella mía, quisiera oírte decir incesantemente que me quieres como no es posible querer a nadie más, y que te es necesario mi cariño; que excede a todos; cuya inmensidad no es posible exagerar y que desafía por su duración a la misma muerte, como por su constancia a las mayores contrariedades. La Habana, octubre 3 de 1867.
El legado descrito en palabras, quimeras, acciones
La vigencia del amor eterno de Amalia Somini e Ignacio Agramonte está presente en la familia guaimareña inspirada en el epistolario de dos seres humanos que en la más difícil de las situaciones mostraron fe, apego y compromiso con el más extraordinario de los sentimientos, el amor.

Para Leidis Rodríguez y Jorge Medero, unidos en la vida y también en el trabajo, entregarse todos los días a su labor, apoyarse en las tareas hogareñas, aprovechar el tiempo libre y dedicarlo al conocimiento más profundo de la literatura, la historia, la física, la cultura y el deporte, es como responder a la inmortalidad de una pasión capaz incluso de endulzar los oídos en una de las melodías más conocidas del panorama musical de la isla, canción compuesta por el cantautor cubano Silvio Rodríguez en ‘1973’.
El Mayor
(Silvio Rodríguez)
El hombre se hizo siempre
de todo material:
de villas señoriales
o barrio marginal.
Toda época fue pieza
de un rompecabezas
para subir la cuesta
del gran reino animal,
con una mano negra
y otra blanca mortal.
Mortales ingredientes
armaron al Mayor:
luz de terratenientes
y de revolución,
destreza de la esgrima,
sucesos como un preso,
Amalia abandonada
por la bala,
la vergüenza, el amor;
o un fusilamiento,
un viejo cuento
modelaron su adiós.
Va cabalgando el Mayor con su herida,
y mientras más mortal el tajo, es más de vida.
Va cabalgando sobre una palma escrita,
y a la distancia de cien años resucita.
Trota sobre la espuma,
seguido por un mar
de negros en machete
y sin encadenar.
Ordena a su corneta
el toque de a degüello,
y a un siglo de distancia
entona nuestra canción
y con recia garganta
canta, espanta
lejos la maldición.

Para el promotor cultural Pablo Muñoz, el amor de Amalia e Ignacio mucho le inspira sobre todo en el empeño de despertar en los niños la pasión por la patria, el medio ambiente, la vida toda. En sus propuestas prevalece la interrogante ¿Cómo quieres que sea el mundo en que vives? Las respuestas de los infantes lo dejan atónito y a la vez entusiasmado, porque también los niños de la región conocen al dedillo la historia de hombres y mujeres, que como Ignacio y Amalia batallaron por la libertad del país que hoy les recuerda y reverencia, por eso no demora en compartir con todos las expresiones de los más pequeños de casa que de manera unánime afirman ¡Vislumbramos un mañana colmado de bosques, pájaros, flores, ruiseñores cantándole a la eterna primavera, y rostros bisoños siempre sonrientes porque de cubanos como Amalia e Ignacio se aprende muy bien el deseo de hacer de la existencia un himno a la felicidad.
El compromiso
Dos palabras perpetúan la vigencia de un amor nacido entre dos jóvenes enamorados que desde que se conocieron supieron que sus vidas estaban indisolublemente ligadas. Amalia Simoni Argilagos e Ignacio Agramonte Loynaz, dibujaron con ALMA y ALTRUISMO, su eterno adeudo con la PATRIA.