Guerrillero con la adarga al brazo no deja de sorprender
- Escrito por Niurka Rivero Navarro.
- Publicado en Locales
Junio, 2018.- El pueblo le recuerda, el mundo le venera. La patria toda reverencia al Comandante amigo, al Comandante guerrillero. Un nombre lo distingue Ernesto Guevara de la Serna, un sobrenombre lo inmortaliza: Che.
En este junio de remembranza le vemos allí, en la primera trinchera, listo para alzarse en las montañas de Oriente, preparado para dirigir a los rebeldes que integraban su columna, dispuesto a escalar las lomas de la Sierra Maestra, y partir a tierras hermanas inspirado por el amor a la libertad, al derecho que todo ser humano tiene de nacer, crecer y vivir en paz.
El argentino-cubano, el argentino-cubano-boliviano, día a día renace para ratificar que su espíritu pervive en el tiempo, en el corazón del niño que orgulloso alza su voz y manifiesta ¡Quiero ser como el Che!, compatriota que aparece en las páginas de la historia, la misma que beben los jóvenes de hoy y que tanto les ayuda a crecer, la misma que no olvidan los adultos encargados de transmitir a las nuevas generaciones las anécdotas y leyendas protagonizadas por el primero que habló en Cuba de forjar el hombre nuevo.
Es el Che símbolo de la ética del pasado siglo XX, portador de enormes posibilidades creativas, supo ser Comandante, guerrillero, internacionalista, jovial, amistoso, recto, muchos le catalogaron como el más difícil de los entrevistados, enseñó no sólo a pelear, también a jugar ajedrez, disciplina deportiva que dominaba a la perfección. Cuentan que en su mochila serrana e invasora nunca faltaron los peones, las torres, los caballos, alfiles, la dama y el rey. Junto al inolvidable Fidel, desde el triunfo revolucionario en ‘1959’ se convirtió en un genuino impulsor del juego ciencia.
Su sueño milenario de hermandad, equidad y prosperidad compartida, reverdece con verdadero alcance universal. El Che de Argentina, el Che nuestro, de Latinoamérica y el mundo, síntesis de hombre de acción y pensamiento, enemigo del dogma y los esquemas, cabalga y reparte nuevos alientos, los mismos que solidifican la riqueza del ideal socialista por el que tanto luchó y lo inmortalizó.

