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Carlos Manuel de Céspedes pervive en Guáimaro

  • Publicado en Locales

Carlos Manuel de Céspedes, Padre de todos los cubanos.

Julio, 2018.- La vida guaimareña desde el hecho histórico de la Constitución del 10 abril de 1869 se proyectó por otras aristas sociales.

Como escalón del tiempo, la cita oficial donde se funda la nación elige como Presidente de la República a Carlos Manuel de Céspedes. Su nombre ya era relevante en esta villa. El patriota visitaba a Guáimaro como dueño de ganado y plantaciones de caña. Su aire viril era apreciable en cada uno de sus gestos. La honda pasión del independentista por la vida lo definía con claridad. El acto humano a su alrededor era pulcramente establecido bajo el afán de justicia o ideas preclaras.

La bondad espiritual desde una férrea conducta moral definía la vida del hombre capaz de ofrendar su dotación de cubanos a la gesta emancipadora.

Con Céspedes afloran los elementos espirituales y nacionales decisivos en una persona de bien. Consagrado a la Patria desde sus bienes materiales a la causa independentista, Céspedes, quien tenía tanto que ofrecer a la causa, legó también el poder de la fe labrada desde su confianza humana.

Guáimaro es un sitio donde afloran muchas referencias en la vida de Carlos Manuel de Céspedes. Ser electo Presidente de la República en Armas significo un alto honor para el Padre de todos los cubanos.

A Guáimaro le dejó Céspedes su talla independentista, su candor viril. La proyección humanista de un hombre consagrado capaz de ceder por el deber lo filial. Prueba de entrega cuando le convocan a ciertos arreglos por la Patria a cambio del hijo. Él prefirió paternalmente asumir a todos los cubanos.

Partitura de la canción La Conchita, escrita por Carlos Manuel de Céspedes.

Céspedes vivió en la región más oriental de Camagüey otros pasajes decisivos de su vida; aquí se inspiró para la historia musical La Conchita, en la cena de los festejos. Por su condición de Presidente conoció a Ana María de Quesada y Loinaz, su segunda esposa. Existe aún el tinajón de barro original, del que bebieron el agua los hombres de aquella reunión sagrada.

Hoy conmueve la vasija tradicional enclavada, para su custodia eterna en el museo municipal, donde se protege además, el mayor tesoro histórico del Guáimaro Constitucional.