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El Fidel de cada guaimareño

  • Publicado en Opinión

Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.Guáimaro, ago.- La era está pariendo un corazón, como dice Silvio, porque a Cuba le nace cada 13 de agosto un nuevo espíritu de lucha, y de amor. El Fidel que vive en cada alma de pueblo, ese que palpita con entrañas de nación, está de cumpleaños. Y celebramos eso: la dicha de que Birán nos trajera al mundo a ese hombre de carne y hueso que se volvió gigante y se despidió eterno.

No todos podrán decir en el futuro que lo tuvieron como protagonista de su tiempo, haciendo la Revolución, pero sí podrán afirmar con orgullo que son fruto de ella. Porque esa, su mayor obra, a la que dedicó cada desvelo, y cada sueño, fue y es su mejor regalo.

Cómo no responderle entonces con nuevas batallas para mejores conquistas, cómo no cumplirle al hombre, no ya al héroe ni al ideal, sino al joven que creció y maduró junto a su Patria, sufriéndole sus heridas; al que pensó siempre, primero, en el bienestar de los demás; en el que fue capaz incluso de dejarnos, antes de partir, la guía certera para no perder el camino: ese concepto de Revolución que no puede quedar en el afiche colgado en una pared, sino en el espíritu de cada cubana y cubano digno.

Yo no quiero a Fidel en una consigna, ni siquiera me atrevo a decirlo, no quiero que se le recuerde ni celebre en la cumbre de un inmortal; prefiero saberle allí, sin salir de su despacho durante días, casi sin dormir, inventándonos soluciones; con la humildad y la grandeza de reservarse para él los mayores miedos y evitarle disgustos y preocupaciones a quienes le acompañaban en la difícil tarea de sacar adelante un país, y protegerlo a cualquier precio, en los momentos más duros; enfrentándose cara a cara con los huracanes, poniéndole el pecho al riesgo de las balas, escuchando opiniones, incluso divergentes, porque era humano y no podía tener razón en todo, cargando un niño, jugando básquet en una escuela, explicándole al pueblo cada detalle, demostrando con hechos, en cualquier escenario, lo que significa estar dispuesto a todo por la Patria, sin bajar la cabeza ante nadie, y con la firme convicción de que jamás renunciaríamos a la tan sangrada, y sagrada, soberanía. Si con él fuimos capaces de ganarnos un lugar de respeto en el mundo y logramos que esas cuatro letras que hacen a Cuba fueran la esencia de todo un pueblo, nos debemos, no solo a él, sino a nosotros mismos, el mantenerlo e impulsarlo.

Ahí está el legado de nuestro Comandante en Jefe: en su ejemplo de patriotismo y de abnegación, de rebeldía, inconformidad y batallar constante, de optimismo y confianza, de solidaridad y entrega.

Está en cada paso y cada esfuerzo por construirnos un país mejor, una sociedad más justa, y plena, que aunque imperfecta todavía, cuenta con las garantías imprescindibles que tantos en otros lugares anhelan. Celebremos todos, con un brindis por la vida, la dicha de la Patria.

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