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Recordar es volver a vivir el amor de grandes maestros

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Foto:Espacio de Danza y Creación

Dic, 2018.- Rigoberto Rodríguez Alfonso es un historiador guaimareño graduado hace ya algunos años en la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba. Hace pocos días el protagonista de esta breve leyenda vivió una jornada especial, sí, compañeros de aquellos años de estudio volvieron a reencontrarse para recordar anécdotas, dialogar acerca de la vida y los nuevos proyectos, sorprendido quedó Rigoberto al escuchar que sus amigos ante la interrogante qué recordaban de su niñez respondieron: a los maestros, las primeras escuelas, los días en que aprendían a leer y escribir.

Maritza Ramos Rivas, la colega granmense más inteligente de su inolvidable grupo universitario se refirió a su guía del primer ciclo en la enseñanza primaria, destacó cuanto le gustaba conversar con los alumnos a la hora del receso escolar tiempo que aprovechaba para aconsejarlos y fomentar en ellos el sentido la responsabilidad, la solidaridad y lo más importante el respeto.

Ana Ivis Frometa, tunera de pura cepa retornó en el tiempo a su paso por la enseñanza secundaria, también hoy arquitecta de profesión pero fiel amante de las artes, Ana Ivis atesora con amor sus actuaciones en el escenario de su escuela, allí lo mismo declamaba, actuaba y cantaba bajo las recomendaciones de la instructora de arte y también de la profesora de Educación Cívica, las dos educadoras formaban el binomio perfecto para despertar en el estudiantado la pasión por las manifestaciones artísticas.

Rogelio Ramos Torres, considerado el más disciplinado y serio del equipo, ahora con unos años y unas canitas demás sonrió como muestra de que el encuentro con compatriotas de antaño le satisfacía al punto de también él poner sus cartas sobre la mesa: “Hoy estamos aquí rememorando leyendas protagonizadas y vividas por nosotros mismos, hoy estamos aquí y pienso en los educadores que han pasado por nuestras vidas, para ellos el agradecimiento eterno, por entregarnos momentos intensos de sabiduría, por ayudarnos a crecer en la sociedad no sólo como seres humanos, también como buenos cubanos y por enseñarnos a confiar en el futuro”.

La expresión convocó a un brindis por ellos, por la patria, por los buenos recuerdos y el amor, las palabras de Rogelio, el juicioso guantanamero, como le llamaban, desbordó en los sempiternos universitarios el deseo unánime de decir ¡Gracias maestros por ser ejemplos de devoción y entrega, por engrandecer a Cuba, patria color esperanza!

Entre lágrimas, risas, presencia y memorias transcurrió el ameno encuentro que al concluir, después de disfrutar al máximo cada remembranza e iniciativa, dejó abierta la invitación a reunirse nuevamente el venidero año ‘2019’ con el firme propósito de recordar, sencillamente porque recordar es volver a vivir.

Este 22 de diciembre Día del Educador vale este recuento que evidencia una vez más lo expuesto por el Apóstol de la Independencia de Cuba, José Martí, cuando dijo: “Al hacerse maestro el hombre sella un pacto con la luz”.

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