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No hay mayor dificultad que suficiente amor no conquiste

  • Publicado en Locales

Foto: Héctor García Torres/ ACN

Feb, 2019.- Aunque muchos resentidos intenten lacerar la verdad de un pueblo que con solidaridad sabe cómo enfrentar cualquier peligro, nada, ni las más falaces ignominias podrán ocultar la grandeza de una nación que hace muchos años aprendió a respetar a sus líderes y tender su mano amiga al necesitado.

Hoy la frase Fuerza Habana se extiende por doquier, expresión colmada de convocatoria, humildad, sentimiento y compromiso y es que lo acontecido el 27 de enero de 2019 en varios municipios pertenecientes a la capital de todos los cubanos afectados por un inesperado tornado que arrasó con viviendas, cegó la vida de seres humanos y provocó cuantiosas pérdidas económicas dejó de ser de unos pocos para ser de muchos.

De varios lugares de la isla llega la ayuda a los damnificados, en medio del triste y desastroso panorama los trabajadores eléctricos han devuelto la luz que resplandece como muestra de energía capaz de cultivar esperanzas en las tareas de recuperación nada sencillas pero tampoco imposibles de vencer.

Manos de tamaños y colores diferentes se agrupan como un todo y firmes y enérgicas escriben la historia. Carros repletos de escombros abren paso a la higienización y comienzan a cambiar el panorama de los territorios hermanos donde niños, jóvenes y adultos salen al encuentro de tantas personas maravillosas que no les alcanza el verbo para agradecerles tan bonito y alentador gesto, sí, porque gracias a ellas es posible la reconstrucción, gracias a ellas es posible el levantarse ante lo que parece irremediable y que sólo el amor al prójimo- demostrado está- es capaz de transformar lo feo en belleza.

Allí en primera fila están los hijos sucesores del inolvidable Fidel, allí entre la pesadumbre y el dolor se escuchan las voces inconfundibles de los dirigentes prestos a no dejar morir la confianza, don hecho al ser humano y justo de confianza y humanidad está henchida esta tierra donde la pasión y la sensibilidad hechizan al punto de pertenecer a todos.

Difícil y dura es la realidad de los habaneros que sufrieron los embates del potente tornado, más el Estado cubano no los desampara ni un solo instante. No resulta extraño encontrar al presidente Miguel Díaz- Canel Bermúdez en las zonas donde los derrumbes permanecen grabados en la superficie y también en el corazón. Allí dialoga afanosamente con los vecinos, comparte con ellos la información precisa y les asegura que la vuelta a la normalidad no será tarea de un día ni de dos, se necesitarán varias jornadas pero todo volverá a ser incluso mejor que antes.

El mandatario que representa al pueblo de Cuba asume con voluntad su misión sustentada en la construcción de obras abiertas a la fe como siempre se han edificado en la mayor de las Antillas, solidificadas por el arrojo de un pueblo que llora ante los estragos de un potente fenómeno atmosférico exterminador de vidas humanas, centros laborales y estudiantiles, alumbrados públicos, hogares no así de la generosidad hoy más que nunca agigantada por la virtud de él, ellos, ustedes, tú, nosotros, todos convencidos de la máxima martiana que asevera: “No hay mayor dificultad que suficiente amor no conquiste”.    

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