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General Carlos Agüero Fundora: Ni traidor ni rendido

  • Publicado en Camagüey

Escena de una batalla de tropas mambisas contra los colonizadores españoles. Camagüey.- “(...) ¡Compatriotas! La hora de combatir por el triunfo de la independencia y libertad, rompiendo con mano varonil la oprobiosa cadena de la esclavitud con que nos oprime el tirano de España, ha llegado, y todos, todos estáis obligados a combatir también, a cumplir ese deber en la medida de vuestras facultades: para los valientes está la gloria de empuñar las armasen nuestras filas; para los pacíficos el de concurrir con los recursos y ayuda a la obra común, sin que valgan excusas de alguna clase para rehuir la obligación que tiene todo cubano con su patria, cualesquiera que sean su clase y condición(...)”

Así llamó a la lucha, desde los campos de Cuba en marzo de 1884, el entonces jefe de operaciones en marcha, general Carlos Agüero Fundora, nacido en Camagüey el 12 de febrero de 1853, y que con solo 14 años se consagró a la lucha por la independencia bajo las órdenes de Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Henry Reeve y Julio Sanguily.

Con la firma del Pacto del Zanjón que dio fin a la Guerra de los Diez Años (1868-1878) sufrió la amargura de los que tuvieron que deponer las armas, pero al año siguiente se alzó nuevamente para secundar el plan insurreccional encabezado por el general holguinero Calixto García Iñiguez, la llamada Guerra Chiquita que fracasó. Después de este revés Carlos Agüero Fundora es hecho prisionero y confinado en La Habana de donde logra fugarse.

A principios de la década del ´80 marcha a los Estados Unidos con el ánimo de solicitar apoyo y recursos entre la emigración cubana para continuar la gesta independentista y, sin obtener la ayuda necesaria, hace el compromiso de levantarse en armas, por lo que regresa a Cuba y junto a un pequeño grupo de patriotas se alza para combatir sin tregua a los soldados españoles hasta noviembre de 1883, período en el que atacó puestos militares, asaltó y quemó ingenios, cañaverales, y hostigó sin cesar al enemigo en las regiones de Colón, la Ciénaga de Zapata y Cienfuegos.

Agüero Fundora burla la vigilancia enemiga, retorna a los Estados Unidos en búsqueda de ayuda, y para aclarar falsos rumores ante los dirigentes del Comité Revolucionario Cubano, porque las campañas tergiversadoras desatadas en su contra por las autoridades españolas y sus detractores, dejaban mucho que desear en cuanto a sus actuaciones en la Isla.

Con el ofrecimiento de la ayuda solicitada dispone los preparativos de una expedición desde Cayo Hueso, propósito que fracasa por la estrecha vigilancia a que lo tienen sometido las autoridades españolas quienes, una vez más, se proponen desacreditarlo con la presentación de un expediente al Gobierno estadounidense, en el que se esgrimen acusaciones por delitos comunes y solicitan su extradición según convenios establecidos entre ambos países.

En enero de 1884 el general camagüeyano es detenido, pero las presiones de la emigración cubana conllevan a la celebración de un juicio, en el que el tribunal norteamericano desestimó las reclamaciones hispanas.

Una vez en libertad Agüero y el Comité Revolucionario aceleran los preparativos de otra expedición que, por indiscreciones y violaciones de las normas de seguridad que deben observar los combatientes clandestinos, llegó a conocimiento del enemigo que logró infiltrar en ella un espía en calidad de práctico.

El 1ro. de abril zarpa desde Cayo Hueso la goleta Schavers con más de 20 hombres y el general Agüero al frente, la que estuvo a punto de caer en manos enemigas cuando el “práctico” trató de llevarla hasta el puerto de La Habana; descubierto a tiempo por el propio Agüero, a punta de revólver lo obliga a que los lleve a otro lugar.

Es así como la expedición desembarca en Punta de Hicacos, Cárdenas, la mañana del 3 de abril; el espía logra evadirse para de inmediato presentarse a las autoridades españolas a prestar declaración.

Solo la intrepidez y el valor de este general y sus hombres permitieron que el enemigo no pudiera aniquilarlos de inmediato; once meses de heroica resistencia, hasta la noche del 2 de marzo de 1885 en que caen en una emboscada en la jurisdicción de Colón.

En un informe acerca del suceso, enviado por el Gobernador General de Cuba al Ministro de Ultramar se recoge “(...) el día 2 a las ocho de la noche cayó en una emboscada que se tenía preparada, quedando muerto Agüero y su teniente Morejón, y herido de machete el mulato Casimiro Sotolongo, quien logró escapar con los tres restantes(...)”

Como apuntan algunos estudiosos de la vida de este general camagüeyano, Agüero ni se rindió ni traicionó, cayó gloriosamente en su puesto de combate por la independencia de la Patria.