Un monumento con nombre de mujer
- Escrito por Niurka Rivero Navarro/ Editado por: Bárbara Cortellán Conesa
- Publicado en Monumentos de la localidad
May, 2015.- El ambiente citadino se mezcla con la quietud del espacio abrazado a escaleras que sumergen al visitante en un pasaje memorable de la historia guaimareña y cubana.
Todo el que decide asaltar los patrióticos escalones se percata de la profundidad del complejo monumental creado por el escultor Enrique Ángulo y el arquitecto Augusto Rivero a los que se sumaron los colaboradores, Juan Quintanilla (escultor), los ingenieros, Mario Durán y Tomás Horta, los técnicos Alfredo Pérez, Gabriel Suárez y Aurelio Medina, así como el fundidor Hipólito Nodarse.
Inaugurado el ‘10 de abril de 1982’, con la presencia de la heroína de la Sierra, la inolvidable cubana Vilma Espín Guillois, el Mausoleo Ana Betancourt de Mora, en Guáimaro, enaltece el esplendor arquitectónico de una ciudad ubicada en el más oriental de los territorios camagüeyanos, urbe que en estos y todos los tiempos se declara histórica, hospitalaria y redentora.
El rostro de la insigne patriota camagüeyana esculpido en bronce reluce al sol, y justo cuando el astro rey está en el cenit, el caminante momentáneamente se detiene y disfruta la tranquilidad única, dueña de un ambiente donde se siente la inquebrantable voz de la heroína que adelantándose a su época proclamó los derechos de la mujer.
Este es un sitio donde el bullicio se olvida cuando se escuchan el trinar de los pájaros y el sonido de la brisa que despierta las hojas del árbol que tantas leyendas protagonizó en las luchas libertarias. La Ceiba, sí, con su tronco robusto se muestra como señora orgullosa, henchida de amor patrio, presta a no dejar morir la fortaleza de sus raíces rebeldes, pletóricas de sueños amalgamados, empeño y sangre de los mártires de la patria.
Es el Mausoleo Ana Betancourt de Mora, sitio para el recuento, la solemnidad de las almas, abierto al conocimiento de un pasado siempre presente, acogedora plaza donde el niño aprende y se sorprende, el adulto queda prendido ante la magia del acogedor lugar y el visitante foráneo se propone una y otra vez regresar para como los guaimareños y los cubanos, reverenciar a la precursora camagüeyana que tanto contribuyó a la defensa de los valores femeninos, independentistas y revolucionarios.
Ana Betancourt de Mora, nació el ‘14 de febrero de 1832’ y murió el siete del mismo mes pero del año 1901 en Madrid, España. Desde 1982, sus restos reposan en el territorio protagonista de la firma de la primera Constitución de la República en Armas, acontecida el ‘10 de abril de 1869’.
En el Mausoleo que lleva su nombre, desde su nicho estremece la expresión:
“Ciudadanos: La mujer en el rincón oscuro del hogar esperaba paciente y resignada esta hora hermosa en que una revolución nueva rompe su yugo y desata las alas.
Ciudadanos: Aquí todo era esclavo, la cuna, el color y el sexo, vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir, habéis destruido la esclavitud del color emancipando al siervo; llegó el momento de liberar a la mujer”.
Siempre viva entre los cubanos permanece la camagüeyana que despidió y alentó a su marido Ignacio Mora antes de partir a la guerra con palabras inolvidables: "Por ti y por mí, lucha por la libertad".