Formación de la familia
- Escrito por Colaboradora: Beatriz Martínez Catá/Editado por: Bárbara Cortellán Conesa.
- Publicado en José Martí
Abr, 2016.- La necesidad de mantener a raya las inquietudes independentistas de los criollos, y las intenciones codiciosas de los vecinos norteños, hicieron que en 1980, España trajera de la península cuatro batalladores, cuatro escuadrones y una batería de artillería.
El sargento Mariano Martí, valenciano robusto, alto, con facciones duras, ademán brusco y aire mandón, ya convertido en sastre de cuartel, fue trasladado con su compañía a Cuba.
Ya en la isla, y gracias a sus dotes naturales, lo ascendieron de cabo a Sargento, para compensar los peligros que correría en América.
Aplatanado rápidamente a las costumbres criollas gustaba irse los domingos a los bailes celebrados en algunos cafés de La Habana. Con su limpísimo traje de gala y aire marcial, se paseaba entre el revuelo de miriñaques, producidos por las señoritas decentes del comercio y la artesanía, entre los que se encontraban “criollos” mostrando su preferencia por el azul.
El “talle de avispa”, “los bucles negrísimos”, y los ojos un tanto elevados hacia la sien de una isleña veinteañera, enamoraron, en uno de esos bailes al sargento valenciano. ¡No era mal partido Leonor! Pues, su familia acomodada, vino a vivir a Cuba buscando mejorar fortuna, y lo logró al tocarle en suerte un premio de la lotería.
La Habana de aquella época era una ciudad de contrastes: por una parte, la opulencia que aplastaba, y por la otra la miseria que asfixiaba. El comercio del puerto, los pregones en las calles, las campanas de las iglesias y la esclavitud urbana marcaban el latín de la vida de la ciudad. En ese paisaje habanero contraen matrimonio Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez y Cabrera (1828-1907) y Mariano de los Santos Martí Navarro (1815-1887).
Después de casados, se instalaban en una humilde casa de la Calle Paula, marcada en aquella época con el número 41 (hoy 314). Allí nace su primogénito y único varón en la madrugada del viernes ‘28 de enero de 1853’, y allí redobles de tambor y toques de clarín y observando el constante ajetreo de gente armada y el constante ir y venir del comercio cercano a la zona del puerto, además aprende a disfrutar del olor a mar.
Por carencias y penurias la familia se ve obligada a mudarse constantemente. Vivieron en las calles Merced número 40, Ángeles 56, Industrias número 32, en Peñalver, Refugio y otras en las que no quedaron huellas suficientes para dar su testimonio.
Posterior a José Julián, nacieron siete hermanos:
- Leonor Petrona (La chota, 1854-1900, 46 años)
- Mariano Santiesteban (Ana 1856-1875, 19 años)
- María del Carmen (La Valenciana 1857-1900, 43 años)
- María del Pilar Eduarda (1859-1865, 6 años)
- Rita Amelia (1862-1944, 82 años)
- Antonia Bruna (1864-1900, 36 años)
- Dolores Eustaquia (Lolita 1865-1870, 5 años)
Dos de ella, Pilar y Lolita, fallecen en su niñez temprana y no se conservan retratos suyos, Ana falleció a los 19 años.
Martí compartió poco con sus hermanos, excepto con Leonor y Ana, aun así, les profesó un profundo cariño a todos. Su amor por ellas se refleja en toda su obra literaria cuando habla de receptor y proteger a la mujer. Cuando niño, los padres los llevaban a pasear por el puerto de La Habana; contentos los niños vestía sus mejores galas, sin lujos, pero limpias y bien planchadas, aunque Pepe tiene solo siete años, se desvive por cuidar a su mamá y a sus hermanos, estas vivencias las expresa años más tarde en su Revista “La Edad de Oro” y en toda su obra cada vez que habla de ello.