Por la sonrisa de un niño
- Escrito por Katia Galindo Rivero/Editado por: Bárbara Cortellán Conesa.
- Publicado en Opinión
Jun, 2016.- La más hermosa y completa de las obras logradas por la Revolución cubana es el desarrollo pleno de la infancia. Aquí los niños son dueños de un futuro luminoso, en el que se les garantiza su cuidado, integridad y formación como personas de bien.
Los ojos destellantes de alegría, la sonrisa contagiosa de los pequeños son la prueba irrefutable de la tranquilidad en la que se desarrollan. En Cuba, sin excepción alguna, tienen todos sus derechos garantizados, porque como expresara Martí “Sin los niños no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz”.
Mientras los príncipes enanos en la isla caribeña disfrutan de su infancia, juegan, aprenden y son protegidos por la sociedad socialista en su conjunto, en diversas partes del planeta la historia se oscurece con lamentables hechos.
En el mundo más de 250 millones de pequeños desde cinco a 14 años trabajan extensas y agotadoras jornadas laborales, unos 600 millones viven en la pobreza y más de 27 mil menores de cinco años mueren cada día por causas evitables.
La sangrienta maquinaria belicista arranca la inocencia a unos 300 mil menores de 18 años, quienes sirven como soldados en las guerras. Allí en medio de los combates, de la muerte y las balas pierden su candidez, se les escapa la vida.
Otros monstruos también clavan sus colmillos en la tierna piel de los infantes, la prostitución, la pornografía infantil, el tráfico de órganos, laceran la integridad de cientos de miles de niños en el mundo, y así en medio de tanto horror se les apaga la inocencia, dejan de existir.
Hoy es un buen día para crear conciencia de las carencias que afectan a millones de chicos en todo el mundo. Ojalá las autoridades de esos países donde la ignominia marca su huella asuman sus responsabilidades y den un presente mejor a los pequeñuelos.