Pionera guaimareña, siempre en primera fila
- Escrito por Niurka Rivero Navarro/Editado por: Bárbara Cortellán Conesa.
- Publicado en Opinión
Jun, 2016.- Con el curso lectivo que concluyó, surge en la vida de Adriana Monteagudo Hernández, un nuevo sueño, sí, el de arribar el próximo septiembre a la enseñanza media, ilusionada y aferrada en hacer realidad su mayor quimera, formarse como una profesional de la Medicina.
Pese a su corta edad, Adriana, integrante de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM) en Guáimaro, la mejor graduada del curso escolar 2015-2016 en la escuela primaria Joaquín de Agüero, la estudiante medallista de plata en el concurso nacional de Lengua Española, vanguardia de su colectivo, destacada en sus deberes, atesora un don que la convierte en una niña especial, la confianza, esa que le ha educado en la máxima de que es posible igualar diferencias, aproximar distancias, hermanar, cultivar y siempre crear para el bien de todos.
Amante de la responsabilidad y honradez, valores humanos que le quedan como anillo al dedo, esta muchachita reflejo del infante que anheló José Martí, es querida por su comportamiento, por su actitud generosa de empinarse para colaborar siempre con los demás y fortalecer pese a cualquier circunstancias los planos amables de la comprensión, los mismos que se cuelan como rendijas de luz y de armonías en los corazones de sus amigos, familiares, maestros y maestras privilegiados todos de saber que ella, sí, Adriana Monteagudo Hernández, existe para enorgullecer almas, que es lo mismo decir: Patria.
Adriana se mueve entre la infancia y la ensoñación, entre la curiosidad y el conocimiento, entre el amor y la ternura que tanto le profesan Sheila, su mami adoradora, Osvaldo, su padre, Martha, su abuelita incansable y principal fuente de inspiración, su tía Marian, que tanto la estimula y reconoce su esfuerzo y su abuelo Ángel Santiago, profesor de tantas y tantas generaciones.
Una nueva experiencia despierta en Adriana, pequeña que poco a poco comienza a escalar la cima que en años venideros la transformará en toda una mujer, sí, en esa mujer útil e imprescindible, como la necesita Cuba, nación que engendra voluntad, pasión, humanidad y entrega.
¡Felicidades Adriana, por tu devoción y seriedad ante el estudio, por tu capacidad de entendimiento, por tu amor hacia los tuyos y el prójimo!