Céspedes y Guáimaro: unidos por amor a la patria
- Escrito por Niurka Rivero Navarro
- Publicado en Hechos Históricos

Oct, 2016.- La vida guaimareña desde el hecho histórico de la Constitución del 10 de abril de 1869, se proyectó por otras aristas sociales. Como escalón del tiempo la cita oficial donde se funda la nación elige como Presidente de la República en Armas, a Carlos Manuel de Céspedes.
Su nombre ya era popular en la villa. El valiente mambí visitaba a Guáimaro como dueño de ganado y plantaciones de caña. Su aire viril era apreciable en cada uno de sus gestos. La honda pasión del líder independentista por la vida lo definía con claridad. El acto humano a su alrededor era pulcramente establecido desde su afán de justicia e ideas preclaras.
La bondad espiritual desde una férrea conducta moral definía la existencia del ser humano capaz de ofrendar su dotación de cubanos a la gesta emancipadora. Con Céspedes afloraron los elementos espirituales y nacionales decisivos en un hombre de bien. Consagrado a la patria cede sus bienes materiales a la causa libertaria. La fe labrada desde su confianza humana destaca también como uno de los logros de quien tenía mucho que ofrecer a la causa.
Guáimaro es un sitio donde afloran variadas referencias en la vida de Céspedes. Ser electo presidente de la República en Armas significó un alto honor para quien fue Padre de todos los cubanos. A la villa guaimareña dejó el inolvidable mambí su talla de independentista, su candor viril. La proyección de un hombre consagrado, capaz de ceder por el deber filial. Prueba de entrega cuando lo convocan a ciertos arreglos por la patria a cambio de su hijo. Él prefirió paternalmente asumir a todos los cubanos.
Céspedes vivió en Guáimaro otros pasajes decisivos de su vida; aquí se inspiró para la historia musical La Conchita. En la cena de festejos por su condición de Presidente conoció a Ana de Quesada quien fuera también su esposa.
Existe aún el tinajón de barro, original, del que bebieron el agua los hombres de aquella reunión sagrada. Hoy conmueve la vasija tradicional enclavada, para su custodia eterna en el Museo Municipal, donde se protege, además, el mayor tesoro histórico del Guáimaro Constitucional.