Ignacio Agramonte, inspira, conmueve y convoca
- Escrito por Evelio Hernández Ramos.
- Publicado en Opinión

"Pero jamás fue tan grande, ni aun cuando profanaron su cadáver sus enemigos, como cuando al oír la censura que hacían del gobierno lento sus oficiales, deseosos de verlo rey por el poder como lo era por la virtud, se puso de pie, alarmado y soberbio, con estatura que no se ha visto hasta entonces". Así dijo de Ignacio Agramonte y Loynaz el Héroe Nacional José Martí.
Ignacio, abogado de profesión, revolucionario de convicción, por lo que no tardó mucho tiempo en mostrar sus dotes de dirigente político, seguro de que Cuba no tenía más camino que conquistar su redención, arrancándosela a España por la fuerza de las armas.
Agramonte, un cubano de ideales republicanos muy elevados, contribuyó con su ejemplo a la formación de ese gobierno necesario en la insipiente patria
De intensas lecturas históricas y militares, y del aprendizaje en el uso del machete que enseñara Gómez a los cubanos, extrajo la esencia organizativa para una caballería que se hizo célebre durante los años 1871 al 73.
La caballería del Mayor, como le conocían sus soldados, estaba exquisitamente entrenada para moverse al toque del clarín del corneta en maniobras de extraordinaria velocidad y eficacia que desordenaban y deshacían los cuadros defensivos de las columnas españolas.
Agramonte era idolatrado por sus soldados, por lo que en pocos meses la caballería dirigida por él se hizo dueña de los campos del Camagüey y de numerosos poblados
Durante una de sus más brillantes campañas, luego de reconstruir las fuerzas del centro de la Isla, preparando la invasión de la provincia de Las Villas que tanto había sido propuesta por Máximo Gómez, cae en combate el 11 de mayo de 1873, en los potreros de Jimaguayú.
Una emboscada lo sorprende con pocos ayudantes y una bala en una sien lo derriba. Los soldados españoles ordenan llevar el cuerpo hacia Puerto Príncipe, donde es expuesto en el hospital de la Iglesia de San Juan de Dios, y quemado al día siguiente, soplando las cenizas a los cuatro vientos para intentar conjurar su ejemplo libertador.
Por eso Ignacio Agramonte y Loynaz está hoy en todas partes hasta donde el viento esparció sus cenizas, y se crece como gigante multiplicado en todos los camagüeyanos, su legado está en todas partes y cada obra de los cubanos.