Carlos Manuel de Céspedes, un patriota para recordar
- Escrito por Niurka Rivero Navarro
- Publicado en Locales

Guáimaro, 27 feb.- Los guaimareños rememoran este 27 de febrero de ‘2017’ el aniversario 143 de la muerte de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, independentista que aceptó con serenidad su destitución de la presidencia de la República, el mismo que se inspiró en una joven camagüeyana y compuso la canción romántica La Conchita.
Por estos últimos días del mes del amor, niños, jóvenes y adultos del territorio destacan la grandeza humana del patriota que liberó a sus esclavos en La Demajagua, el sábado 10 de octubre de 1868.
Este lunes vuelve la historia a destacar al Céspedes que supo admirar en la finca San Lorenzo en pleno corazón de la Sierra Maestra el sostenimiento que allí se fomentaba de inválidos y mujeres de la Revolución, el batallador que no escatimó en dedicar parte de su valioso tiempo a enseñar a leer y a escribir a los niños que vivían cerca del bohío que le habían destinado.
El Carlos Manuel que hoy resplandece por su impronta y coraje se presenta despojado de su vivienda con biblioteca, de sus cuadras, de sus hombres que laboraban en su ingenio, se divisa justo en la choza donde tenía sólo una hamaca, una mesita-escritorio y otras pocas cosas.
En la ciudad cuna de la Constitución las cuerdas de la guitarra delatan la belleza de una melodía que enamora, estimula y engrandece: Ven Conchita, tu amor es mi vida/ Por ti rompo del mundo los lazos/ Y a sentir y gozar en mis brazos/ Ven Conchita del alma, si, ven.
La vigésima-séptima jornada del segundo mes del año convoca a hojear libros y publicaciones, en muchas de ellas aparecen dos citas imborrables, la primera la dedicó Céspedes a su esposa: “Por dondequiera que voy-salvo lo oficial-soy acogido como antes: ahora debe ser más sinceridad”.
Descubierto por las tropas españolas, en la finca San Lorenzo, el 27 de febrero de 1874, el suceso quedó circunscripto para la posteridad en esta expresión de Manuel Sanguily: “Céspedes no podía consentir que él, encarnación soberana de la sublime rebeldía, le llevaran en triunfo los españoles, preso y amarado como un delincuente. Aceptó, por breves momentos, el gran combate de su pueblo: hizo frente con su revolver a los enemigos que se le encimaban, y herido de muerte por bala contraria, cayó en un barranco, como un sol de llamas que se hunde en el abismo”.
El cadáver de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, fue conducido a Santiago de Cuba, allí se le dio sepultura.