Cuando el pueblo tiene el poder
- Escrito por Gelsy Rodríguez Rivero
- Publicado en Locales

Abril, 2017.- El inicio del cuarto proceso de rendición de cuenta del delegado ante sus electores, último del actual periodo de mandato, invita a la reflexión. La participación ciudadana en la labor de gobierno estatal de la nación, indispensable en el ejercicio del poder del pueblo en las condiciones actuales, nos convoca a repasar por qué somos cada uno de nosotros los principales protagonistas y no podemos verlo como algo ajeno a la realidad individual.
Acostumbramos a llamarlas Asambleas de rendición de cuenta, pero no son asambleas en el mismo sentido de órganos, como sí lo son las municipales, provinciales y la nacional. Son reuniones que de hecho no requieren de porciento mínimo para celebrarse; sencillamente, lograr porcientos altos de asistencia debe ser un resultado de su calidad y efectividad como espacio para gobernar nuestro país.
La rendición de cuenta no se limita al delegado de circunscripción. Es un ejercicio esencial en el funcionamiento de nuestro modo de gobernar la sociedad. En ella se realiza el derecho de quienes eligen, de conocer, valorar y pronunciarse en consecuencia acerca del desempeño de los elegidos como parte del sistema, y la obligación de estos de expresar su responsabilidad ante quienes los eligieron.
Desde su accionar en las reuniones de rendición de cuenta, los ciudadanos tienen la posibilidad, el deber y el derecho de intervenir en el gobierno del país; es el espacio para intervenir y controlar como Estado todo el funcionamiento de la sociedad cubana. Fuera de este acto, el ciudadano interviene a través de su delegado y los delegados provinciales y diputados electos por ellos, por eso son tan importantes nuestros representantes.
Ellos tienen la responsabilidad de garantizar el poder del pueblo; una tarea nada sencilla, que no podemos reducir a la simple transmisión de demandas y explicaciones, o sea, las famosas “respuestas a planteamientos”, ni a la imprescindible atención a los problemas más inmediatos de la vida cotidiana de una comunidad; tenemos que materializar cada vez con mayor fuerza, sobre la base de las propias potencialidades que ha desarrollado la Revolución, que los ciudadanos participen “sistemática y regularmente en los asuntos del gobierno de la sociedad y en la discusión y solución de todos los problemas estatales”.
Es allí donde radica la verdadera democracia y el perfeccionamiento de nuestro sistema.