Guiteras en la mirada del Che
- Escrito por Autor: Ventura de Jesús/Publicado en Granma
- Publicado en Opinión

Por lo que cuentan los investigadores se presume que Guiteras era muy sereno pero que no toleraba la injusticia, y muy difícil de aplacar cuando asumía la defensa de una causa noble.
De voluntad indomable, luchaba sin la menor vacilación según algunas referencias. Un tipo bueno que desde sus años de estudiante no rehuía de las situaciones de peligro, rasgo manifiesto que se acentuaba ante los apoderados y por el cual le endilgaron el calificativo de hombre guapo, en el sentido estricto del término.
No menos echa’o pa’lante, y de espíritu igualmente antimperialista era su amigo, el venezolano Carlos Aponte, quien desde muy joven tuvo inquietudes libertarias.
Naturalmente, los atributos de estos revolucionarios excedían el ingrediente de la temeridad. El mayor valor estaba en la base de su pensamiento, en la integridad moral.
El 8 de mayo de 1935 estas dos figuras de la revolución latinoamericana fueron ultimadas en las inmediaciones del pequeño fuerte español El Morrillo, en la ciudad de Matanzas. Una delación favoreció los planes homicidas de Fulgencio Batista.
Gisela Álvarez Polo, directora por más de dos décadas del Museo Memorial El Morrillo, sitio que rememora el dramático episodio, asegura que hay mucho de Guiteras en otros paladines de la Revolución Cubana como el Che, Camilo Cienfuegos, y Fidel, y repara en la semejanza casi absoluta de sus programas de lucha pese a la distancia en el tiempo.
Quiso lo que nosotros queremos y cayó antes de lograrlo, diría Fidel algunos años después al considerar el significado de su ideario.
RECORDATORIO SILENTE
Según el rastreo investigativo del reconocido escritor Paco Ignacio Taibo II, Tony Guiteras solía vestir con austeridad y lo presenta como un personaje carismático, quien en su infancia tuvo que remontar varias enfermedades. Un joven que después participaría en la revolución que tumbó al dictador Machado, dice.
Uno de los rasgos que más impresiona a este intelectual hispanoamericano es el extraño parecido con el Che, un paralelo que se da en varias direcciones, sobre todo en el estilo, desprendimiento y la actitud revolucionaria.
Insiste Gisela que no es de asombrar entonces que luego del triunfo del Primero de Enero, Ernesto Che Guevara visitara el obelisco situado en la ribera del río Canímar, recordatorio silente del trágico suceso en el que cayeron estos dos luchadores.
Sostiene que aunque no existen documentos ni grabaciones de aquella visita de tributo, el 8 de mayo de 1959, algunos de los presentes –como el periodista matancero Manolo García– atestiguarían la admiración visible en la mirada del Guerrillero Heroico, una simpatía que debió ser mayor hacia Guiteras, de quien ya tenía información a través de Fidel en los días en que se entrenaban como expedicionarios del yate Granma.
Del improvisado acto se conservan aquí tres fotografías en blanco y negro, tomadas por el legendario fotoreportero yumurino Guillermo Miró, las cuales integran la muestra expositiva del mes en la institución matancera.
En dos de las gráficas se contempla al Che con su característica pose y en una tercera se ve ensimismado, como reproduciendo imaginariamente los últimos instantes vividos por estos hombres aquel fatídico día de 1935 en que fueron víctimas de las garras del batistato, golpe asestado gracias a una felonía.
En otras muchas oportunidades el legendario luchador argentino concedió valor a la figura de Guiteras, y se recuerda aquella frase pronunciada el 8 de mayo de 1961. «Porque somos también lo que quería Guiteras, somos el ejemplo que él soñó para la América entera…».
Sin lugar a dudas, al Che lo impresionó aquel joven firme e inquebrantable.
EL MORRILLO
Nació en Estados Unidos y sus padres lo traen a Cuba a la edad de siete años. En 1924 se gradúa de bachiller y agrimensor, y luego estudia Farmacia en la Universidad de La Habana.
Durante ese tiempo tuvo una destacada labor política revolucionaria. Formó parte del Directorio Estudiantil Universitario. Por su actividad como combatiente popular fue capturado y condenado a prisión. Tras la caída de Machado formó parte del Gobierno de los 100 días, en el cual asume el cargo de secretario de gobernación de Guerra y Marina, ministro de Obras Públicas y de Comunicaciones.
Durante esos meses tuvo la osadía de impulsar algunas de las más grandes transformaciones de una sociedad. Por supuesto, se convirtió en un tipo de hombre que no le convenía a las élites de la época y mucho menos a quienes patrocinaban los intereses yanquis en Cuba.
Transidas de miedo, las fuerzas reaccionarias, en defensa de sus intereses y del imperialismo, con Fulgencio Batista al frente, perpetran un golpe de Estado que derroca al Gobierno de los 100 días.
En los últimos meses de 1934 funda la organización Joven Cuba, y define la lucha armada como estrategia para enfrentar al gobierno. Concibió salir hacia México para desde allí preparar la lucha armada y organizar una expedición que desembarcaría por el oriente con el objetivo de marchar a la Sierra Maestra y crear un foco guerrillero.
Creyó conveniente confabularse con un viejo conocido suyo en Matanzas que le prometió todo el apoyo necesario. Esa persona, a quien consideraba de toda confianza, traicionó a Guiteras y condujo a las tropas batistianas hasta el viejo y abandonado fortín donde Tony, junto a su amigo Carlos Aponte y a algunos compañeros de la Joven Cuba, se aprestaban a salir del país.
En la mañana del 8 de mayo de 1935 los dos revolucionarios son rodeados por tierra y mar y caen en desigual combate contra fuerzas de la tiranía.
Dicen que cuando se hizo evidente el momento del desenlace, Aponte le dice a Tony: «Antes de rendirnos nos morimos», y Guiteras, responde: «Nos morimos».
Y aunque el pasaje parece más bien hijo de la leyenda para glorificar el heroísmo, uno puede imaginarse que hombres así podían muy bien estar resueltos a todo, enfundados en su valor y en el convencimiento de un ideal.
Aquel temple, unido al vigor antimperialista, ensanchó en Guiteras su prestigio moral y fue quizá de las cualidades por las que conquistó las simpatías del Che.