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Sencilla pero profunda

  • Publicado en Locales

Ofelia Cervantes Labrada, guaimareña con una historia que merece ser contada.

Guáimaro, 12 may.- Ofelia Cervantes Labrada es una de esas tantísimas guaimareñas - cascorreñas humildísimas que a sus 78 años de existencia vibra de pasión contando sus múltiples vivencias relacionadas con el trabajo, la superación personal, la familia, la Revolución y el amor filial.

Vivió un buen pedazo del capitalismo del que supo sacar grandes riquezas cuando desde que no levantaba una cuarta del piso su madre aceptó se empleara como doméstica en la casa de una familia pudiente de Cascorro, su tierra natal, donde aprendió a hacer de todo como si fuera una mujer grande y se ganaba parte del sustento.

Desde que era casi una adolescente descubrió la magia de tejer y coser el guano, madre de dos niños y obrera de una finca por allá por Matanzas donde trabajaba el padre de sus hijos, y de donde volvió a Cascorro antes del triunfo de la Revolución para costearse ella misma los gastos de aprender los primeros números y letras con una maestra particular que cobraba poco y enseñaba bien.

Ofelia tiene hoy una historia linda repleta de laboriosidad, de sacrificios inmensos para obtener el noveno grado en los cursos para trabajadores, de sus recuerdos cuando fue a Camagüey primero y después a la Habana con el primer grupo de las Anitas campesinas que se prepararon como costureras y junto a las cuales estuvo varias veces en las celebraciones nacionales del Día Internacional de los Trabajadores en la capital del país junto a la heroína de la Sierra Vilma Espín Guillois y al inolvidable y por siempre guerrillero del tiempo Fidel Castro Ruz.

Esta señora, que fue así mismo fundadora del antiguo y primer taller de artesanía de la ciudad de Guáimaro, ropera del hospital, recepcionista del Sectorial de Cultura, acomodadora del cine Guáimaro, fundadora de las Milicias Nacionales Revolucionarias y de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), puede también darse el lujo de decir que fue una buena hija. Pese a grandes desvelos y esfuerzos, luchó amorosamente con su anciana madre hasta el momento de perderla físicamente.

Ofelia Cervantes Labrada enviudó joven y en medio de ese dolor y de tres hijos a medio criar, encontró al segundo amor de su vida en Ismael Espinosa Delgado, con quien lleva casi 40 años y lo mismo que ella había enviudado en plena juventud con tres hijos varones muy pequeñitos.

Allá en el cuarto piso de uno de los muchos edificios del Reparto Microdistrito han mantenido su nido de amor y de Revolución. Entre ambos criaron seis hijos, disfrutaron la ternura conyugal, se entregaron a la Patria, a la familia y han vivido juntos muchos momentos buenos y malos, tristes y de felicidad. Colmaron de sueños el camino de la vida y compartieron lágrimas por los hijos que partieron temprano.

Hoy peinan canas pero conservan todavía el calor de una relación de complicidad y mucha armonía en casi todo. Están allí como robles que marcan en sus troncos, en sus raíces y en sus hojas los valores de lealtad, justicia y el compromiso combatiente y militante con el mejoramiento humano.

La sencillez de Ofelia resume su grandeza. Inmensa en su aparente pequeñez, aporta todavía hoy grandes lecciones para no flaquear, ser más útiles y con dulzura ser más plenas para vencer cada nuevo reto.