Pasajes de la Historia de Cuba conmueven a la juventud
- Escrito por Niurka Rivero Navarro.
- Publicado en Locales

Ene, 2018.- Conversar con Bárbara Gutiérrez la abuela más experimentada del 'comité de cuadras, 4' perteneciente al consejo popular Guáimaro Norte no sólo resulta instructivo también motivador, el por qué, Barbarita como muchos le llaman atesora tanta sabia del año de la libertad que siempre en enero activa su memoria y complace a todos los que quieren saber un poco más acerca de la huida del dictador Fulgencio Batista.
Cada detalle que comparte con niños y jóvenes de la comunidad despierta el interés de interiorizar en las páginas de la historia que hoy engrandecen y validan el carácter patriótico y redentor de una nación declarada independiente y soberana el 1ro de enero de 1959.
Las leyendas sorprenden, cada una encierra acontecimientos memorables, pero la que más atrapó a la joven generación fue la anécdota leída por la abuela que a sus 75 años la conserva con el mismo interés del primer día. En una revista lastimada por el paso del tiempo no sólo perviven las imágenes del pueblo feliz de la victoria, también un escrito titulado “Oye, viejo, se largó Batista”, breve reseña que al revisarla de principio a fin conmueve y a la vez enorgullece con lo plasmado en sus líneas finales.
Usted que gentilmente hizo un alto en su camino para leer este breve comentario también tendrá la oportunidad de saber al dedillo los pormenores de un episodio descrito de esta manera:
Son las cinco de la mañana del 1ro de enero de 1959. Un timbrazo telefónico despierta a Celestino Zamora, jefe de despacho de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC) mujalista. La voz del catalán le notifica:
-Oye, viejo, se largó Batista.
-¿Y qué hacemos? balbucea el acólito aturdido.
-Haz lo que te parezca...Yo me asilo...Buena suerte...
El andamiaje sindical podrido, que sólo se sostenía con los puntales del terror oficial, se desmorona. La pandilla mujalista toma el camino de las embajadas, los hoteles discretos, los hogares de amigos. Ahora son ellos los que caen en la clandestinidad.
Las milicias del '26 de Julio' llegan al Palacio de los Trabajadores a media mañana. Hay un par de policías rezagados, acaso ignorantes del momento, que no saben qué hacer. Un grupo de jóvenes bien armados les apunta:
-A ver, entreguen las armas. ¡Quietos! ¡Cayó Batista!
No hay dificultades. El edificio es ocupado, se sellan las cajas de caudales y los archivos y se organiza la guardia protectora.
Los nuevos dirigentes emergen de la cárcel, el exilio y el campo de batalla. David Salvador y Octavio Louit bajan del Castillo del Príncipe; el bancario José María de la Aguilera y Bécquer, José Pellón y Ricardo Torres bajan de las sierras libertadoras con frondosas barbas, uniforme verde olivo, gorra de campaña, cuchillos comandos, pistolas y rifles automáticos. La Revolución llega con ellos.
Hay cientos de anécdotas, pero una vale por mil. Ante Bécquer llevan a Rolando Leonard, uno de los usurpadores de la FNTA, capturado cuando trata de huir. Empavorecido, grita:
¡No me maten!
Bécquer sonríe con desdén:
-¿Tú crees que nosotros somos como ustedes?
Ha nacido una nueva época en el movimiento obrero.
El final del suceso satisfizo a todos, no hay equívocos, la Revolución Cubana es sinónimo de amor y respeto.
Los rostros satisfechos y sonrientes se adueñaron del pequeño portal, justo allí, sentada en su comadrita de antaño, la abuela Bárbara Gutiérrez no sólo recibió el abrazo agradecido, también el beso tierno por tan bonito encuentro en el que una vez más los niños y jóvenes comprendieron la necesidad de defender contra viento y marea la gran obra de humanidad que a 59 años de existencia crece sin cesar inspirada en la máxima de hoy y siempre trascender.