Majestuosa institución enaltece a un pueblo plagado de historia
- Escrito por Niurka Rivero Navarro.
- Publicado en Locales

Guáimaro, 29 mar.- Desde la carretera central se divisan los letreros que informan lo cerca que estás de una urbe histórica por excelencia, de una pequeña porción de tierra cubana y camagüeyana donde lo mismo te reciben por el oriente que por el occidente del país y es que Guáimaro atesora esa magia, la de abrir puertas al que desea conocerlo de cerquita, al que se anima a oxigenarse con su hospitalidad o sencillamente al que opta por inspirarse y ofrendarle buenos augurios a través de poemas y canciones.
En Guáimaro, ciudad cuna de la Primera constitución de la República de Cuba en Armas lo mismo encuentras pasajes de una tradición inolvidable que majestuosas edificaciones decididas a conquistar el universo de los curiosos, de los que día a día hacen suya la máxima de cultivarse más.

Una construcción que sorprende lo es sin dudas el Museo Municipal, recinto que atrapa corazones y sensibilidades al punto de ser dibujado en palabras por los visitantes nacionales y foráneos satisfechos de caminar por su amplio y extenso portal donde tal parece reposan sus altas y sólidas columnas que reciben al espectador venga de donde venga, sin distinción de razas, credos y edades porque la institución que tanto enaltece y dignifica a la región se declara a disposición de todos.
A ella acuden pioneros, abuelos que gustan de bailar danzón y rememorar pasajes y leyendas del pueblo, jóvenes y adultos motivados por recorrer sus salas de exposiciones pletóricas de limpieza, orden y un apacible ambiente donde se escucha con mayor frecuencia el inigualable canto de los gorriones que dan también la bienvenida a los pobladores interesados en descubrir las costumbres y hábitos del territorio más oriental de Camagüey.
Al mediodía, cuando el sol se ubica en el cenit y la gente trabajadora se toma un breve alto en sus labores, muchos optan por aprovechar la brisa bajo las ramas de la Ceiba gigantesca que ha sabido resistir los embates de fuertes ciclones e intensas sequías. Allí pervive el árbol, firme y frondoso, orgulloso de saberse útil en el mismo lugar donde muchos años antes el marqués de Santa Lucía, Salvador Cisneros Betancourt, bebió agua del tinajón.
Este es un sitio donde los pajarillos encantan con su trinar y el bullicio citadino se aleja. Este es el lugar idóneo para descubrir la grandeza de un municipio que contra viento y marea se levanta y batalla a favor del desarrollo de una sociedad justa y equitativa como siempre lo quiso el líder inmortal Fidel Castro Ruz.

En el Museo Municipal señorea el verdor de las plantas, relucen los rayos del sol, sobresale la historia y se respira el aire emancipador de Ana Betancourt de Mora, la cubana-camagüeyana que adelantándose a su tiempo proclamó los derechos de la mujer.
No hay equívocos, la institución destaca entre todas por su rebeldía, por las huellas de independentistas inolvidables como Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte y muchos otros que justo en 10 de abril de 1869 protagonizaron la Asamblea de Guáimaro, trascendental momento que también inspiró a José Martí,, el más universal de los cubanos a escribir: “Tienen los pueblos, como los hombres, horas de heroica virtud, que suelen ser cuando el alma pública, en la niñez de la esperanza, cree hallar en los héroes, sublimados con el ejemplo unánime, la fuerza y el amor que han de sacarlos de agonía...”A esas “horas de heroica virtud.”
Orgullo para los guaimareños es el Museo Municipal donde los sueños de hoy se funden con el pasado histórico, donde el silencio se transforma en testigo de muchos encuentros henchidos de patriotismo, respeto, clamor ciudadano y la unánime invitación a visitarlo siempre.
Usted amigo internauta que gentilmente detiene su vista en este escrito, si un día decide darse una vuelta por Guáimaro, municipio de Camagüey, provincia de Cuba, no desdeñe la oportunidad de desandar la historia de una ciudad orgullosa de celebrar este ‘2018’ su 227 cumpleaños, ah, tampoco olvide pasar por el Museo Municipal declarado Monumento Nacional el 25 de diciembre de 1979.
