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Un hombre, un compromiso, un destino: Continuidad

  • Publicado en Locales

Abr, 2018.- Es cierto, esta agradecida patria no pide más, así lo ratifica el genial cantautor Raúl Torres en su canción El último mambí, en homenaje a Raúl, el hermano del inolvidable Quijote que enfrenta molinos desde el firmamento. Sus hijos nos declaramos Cuba, nación que no sabe de cobardes, tierra que perdona y no olvida.

Gracias a ellos también aprendimos el significado de hacer el bien, vale entonces destacar que más de una generación de guaimareños ha conocido y admirado a Raúl, patriota poco locuaz pero certero en sus afirmaciones, revolucionario de talante reflexivo y espiritual  y de esas intervenciones breves, cargadas de contenido capaces de poner a meditar hasta el más pequeño de la familia que una y otra vez se pregunta ¿Cómo es posible tanta entrega, tanta devoción por la patria?

No es extraño que en su cese como Presidente del Consejo de Estado y de Ministros nos ofrezca un discurso diverso que desde el principio y hasta el final se siente como un legado muy personal y de pueblo, asociado con batallas y luchas, con el vibrante espíritu de jamás claudicar, y es que los cubanos agradecidos conocen muy bien al soldado rebelde que opina de política, de economía, de cultura y deporte, de la vida toda sin desfachatez, presto a mostrar aquello que otros se empecinan en callar y no han podido lograrlo porque la verdad de la mayor de las Antillas es una sola y se llama Revolución.

No deja de ser un rasgo original que los líderes del país dialoguen y compartan criterios e ideas acerca de lo culto y lo popular, relación sin fronteras, ni divisionismo, porque sí algo se ha logrado en estos años de edificación del proyecto social con todos y para el bien de todos es la integración armoniosa que valida lo expuesto por el patriarca de la cubanía Don Fernando Ortiz , etnólogo, antropólogo, jurista, arqueólogo y periodista al que debemos los cubanos ese útil esencial para investigar quiénes somos y de dónde venimos, referencias indispensables a la hora de escoger nuestro propio futuro.

Nada hay tan difícil que escribir un mensaje para un hombre de tanta valía e historial profundo, un cubano que por sus méritos se ganó el derecho a trascender, un militante de primera fila siempre necesario.

En estas breves palabras pervive el retrato de cuerpo entero de Raúl Castro Ruz, el hermano de Fidel, el compatriota dispuesto a compartir lo dulce y también lo amargo con los cubanos de hoy, los mismos que le dicen ¡Gracias Raúl por tu generosidad! ¡No hay tiempo que perder, empecemos hoy, ahora junto a Miguel Díaz Canel seguiremos forjando la Patria!