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Pueblo rememora su historia y fortalece su voluntad de crecer

  • Publicado en Opinión

May, 2018.- La región más oriental de Camagüey se regocija por su historia, se enaltece por los hechos y acontecimientos que hoy más que nunca enorgullecen a sus hijos dichosos de expresar ¡Por orgullo somos guaimareños! Y es que niños, jóvenes y adultos de la comarca se saben inspiración de la Revolución, se saben habitantes del territorio donde el 10 de abril de 1869 se firmó la Primera constitución de la República de Cuba en Armas.

A 149 años del incendio de Guáimaro, decisión tomada por sus pobladores que prefirieron verlo arder antes de caer en manos de los españoles, vuelve la tierra ganadera a incendiarse pero esta vez de amor patrio, de devoción por su historia, la misma que día a día invita a nacionales y foráneos visitar el municipio donde el guajiro se levanta al cantío del gallo, toma su sorbo de café y sale a ordeñar la vaca, cultivar la tierra y garantizar el alimento que nunca debe faltar en la mesa del cubano.

Este es el pueblo donde el infante sonríe y el adolescente se alista para conquistar el futuro. Este es el pueblo donde las avenidas se repletan de uniformes, donde las escuelas relucen como mar de conocimientos, donde los adultos trabajan convencidos de que el camino para crecer y desarrollarse depende de lo que sean capaces de edificar con sus manos pletóricas de amor y talento.

Todo el que recorre las calles, repartos y vías de la localidad siente que tanto en el ambiente citadino como en el rural se respira el espíritu redentor de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, patriota que justo aquí compuso la canción romántica La Conchita que establece un puente de lo local con lo nacional en el género canción. Independentista protagonista de la Constitución de Guáimaro elegido por voto libre como Presidente de la Asamblea Constituyente.

Más héroes inmortales acompañan a los nativos en su andar, Ana Betancourt de Mora, la insigne patriota camagüeyana desde su rosa iluminada por el sol, guía a las mujeres en el florecimiento de sus derechos, Salvador Cisneros Betancourt, el marqués de Santa Lucía, fija su imagen imperecedera en las áreas del Museo Municipal, allí bebió agua del tinajón, allí protagonizó un pasaje memorable, una leyenda que distingue a la urbe que justo hoy desempolva los detalles de un suceso al que José Martí describió de la siguiente manera:

“Ni las madres lloraron, ni los hombres vacilaron, ni el flojo corazón se puso a ver cómo caían los cedros y caobas. Con sus manos prendieron la corona de hogueras a la santa ciudad, y cuando cerró la noche, se reflejaba en el cielo el sacrificio. Ardía, rugía, silbaba el fuego grande y puro; en la casa de la Constitución ardía más alto y bello.”

Guáimaro vuelve a ser noticia y lo seguirá siendo por siempre, por su impronta, por la capacidad que atesora su prole de recibir el amanecer y el atardecer entre el sol que se levanta y el sol que se pone y es que este terruño es eso y más, es poesía, unidad, futuro y verso.

 

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