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Claudia María se siente feliz

  • Publicado en Locales

Junio, 2018.- En un barquito de papel navega por los mares de la imaginación la niña guaimareña Claudia María Quintana Ortiz, con sus ojos almendrados y su amplia sonrisa conquista sueños y corazones.

Si corta aún es su edad, inmensa es su alegría, sí, porque Claudia es feliz, como lo son todos los niños en Cuba; nación que le brinda afecto y prioridad, país que abre puertas para que los príncipes enanos miren al futuro y le sonrían a la vida.

La infante protagonista de esta historia estudia en la escuela primaria Rafael Morales y González, en Guáimaro, allí aprendió a leer y a escribir. Coqueta, juguetona, pícara y activa, desborda cariño y agradecimiento para todos los que transforman sus días en jornadas de ensueños.

En la escuela y en casa, maestros y familiares le cuentan a Claudia que hace mucho tiempo en Cuba se erradicaron enfermedades como la poliomielitis, la difteria, el tétanos neonatal, el tifus, el paludismo, y aunque para ella la temática y los nombres resultan difíciles de comprender, su mamá Iliet atesora magia y los educadores experiencias para explicarles los detalles que la pequeña asimila no solo con el deseo de aprender, también de compartir la novedad con sus amiguitos de la escuela.

A Claudia le gusta asistir a clases, siente orgullo de contar con dos de las riquezas mayores del ser humano, el derecho a la educación y la salud, cuando se mira al espejo se siente princesa, cuando abre los libros de cuentos, se transforma en hada, cuando ve dialogar a los adultos, no los interrumpe pero despierta en ella el deseo de agradecerles por todo lo que hacen para que los niños en la mayor de las Antillas vivan felices y entusiasmados.

En este Día Internacional de la Infancia, Claudia María Quintana Ortiz, quiso obsequiar a todos los internautas una entrevista y demostrar que si hoy tuviera en sus manos una varita mágica tocaría con ella las cosas feas y las convertiría en amor, sentimiento extraordinario capaz de hacer germinar la igualdad entre todos e impedir proliferen en el mundo las guerras, el hambre, la envidia, las armas, los volcanes, terremotos y ciclones, en fin, nada que entorpezca el desarrollo del ser humano sobre el planeta tierra.

Claudia, canta, baila, ama los juguetes, protege la naturaleza, presta atención al trinar de los pájaros que regalan melodías a la primavera y se declara hermosa no por su físico sí por su ternura y por la suerte de vivir en una isla que le permite hacer de su existencia un himno a la felicidad.