Por amor entregaría la vida entera a mi profesión
- Escrito por Niurka Rivero Navarro
- Publicado en Locales

Jun, 2019.- En esta pequeña isla del Caribe son muchas las mujeres que validan la máxima ¡Todo es posible! La que les presento hoy multiplica ese precepto y lo logra porque en su corazón encuentras ese laberinto de pasiones del que nunca quisieras salir.
Guáimaro todo la recuerda por sus pasos firmes sobre el pavimento que le abre caminos porque bien sabe que cada huella suya marca una obra, un hacer, un sentir, un entregar constante de ternura al prójimo, ese que tanto le agradece su gesto amable, su sonrisa inspiradora y el significado de su nombre: Amparo, que no es más que protección, será por esa razón que la doctora guaimareña Amparo Acea optó por la profesión más humana que existe: La Medicina.
Segura estoy muchos de sus amigos y conocidos dicen en buen cubano que no tienen que romperse la cabeza para averiguar cómo pueden llegar hasta la médico protagonista de esta historia y es que Amparito como le llaman en su pueblo natal domina al dedillo la manera de acercarse a las personas, pacientes o no, para enseñarles que pese a las pruebas que impone la vida, esta es bella porque en ella existe la verdad, la alegría, la soledad y la compañía, las responsabilidades, los retos, los compromisos, el amor.
Amparo Acea, la doctora que hoy me inspira comenzó su bonita labor en el año ‘1989’ en el área de salud Cascorro. Trabajó en consultorios del médico y la enfermera de la familia, ocupó con mucha seriedad y respeto el cargo de subdirectora de Higiene y Epidemiología en su comunidad hasta que en ‘1998’ comenzó la especialidad en Camagüey.
El ‘2002’ marca su regreso a Guáimaro, lugar privilegiado con su acción humana, a partir de ese momento comenzó a crecer su historia. Supo ser directora y también mujer internacionalista, en su aval atesora con mucho orgullo su paso por la República Bolivariana de Venezuela en el ‘2003’, específicamente en el Estado de Portuguesa, allí permaneció hasta el ‘2007’.
De su permanencia en la tierra de Bolívar y Chávez recuerda con gran cariño el calor de la gente, de sus pacientes transformados en amigos, sus reconocimientos, entre ellos la orden Francisco de Miranda de primera clase otorgada por el Comandante supremo Hugo Rafael Chávez Frías.
Venezuela le abrió senderos para fortalecer su superación como doctora, en ese suelo hermano Amparito se formó como docente e hizo también la maestría en enfermedades infecciosas. En el ‘2011’ otras tierras reclamaron sus modestos esfuerzos, fue entonces que dijo sí al cumplimiento de su deber en Guatemala. Su primera aventura solidaria en esa región centroamericana la asumió hasta el ‘2013’, por azar del destino en el ‘2017’ regreso a ese necesitado país donde se encuentra ahora.
Amparo Acea es hoy una especialista de la medicina cubana que se levanta todos los días con el ánimo y la promesa de convertir la misión encomendada en una experiencia extraordinaria que entusiasma porque solo el amor engendra amor, solo la atención fecunda el espíritu y es precisamente allí donde radica el éxito y la satisfacción de una profesión que en materia de hermandad se esparce en el mundo con la fuerza de un tsunami humanitario y sensible reconocido a toda prueba.
Madre de un hijo, Carlos Antonio Rosado Acea, abuela de un nieto precioso nacido el pasado mes de febrero, hija de Pedra Esperanza Valdés Pérez, todo un ejemplo a seguir, Amparo Acea dialoga con afán y confiesa de una manera dinámica y sin pensarlo dónde vive, teniendo presente el mensaje ¡Las puertas de mi casa están siempre abiertas para ti, para ellos, para todos! Esta frase sin dudas rememora su hospitalidad y eso hace a todos sentirse en casa, una casa grande enaltecida por el apoyo sincero y desinteresado de una doctora guaimareña, cubana e internacionalista, reitero su nombre: Amparo Acea.






