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Elda Cento Gómez y su huella imperecedera en la Historia cubana

  • Publicado en Opinión

Foto:Foto: Archivo/ACN

Todos tenemos una deuda con la Historia, recordando a los predecesores, para guiar el provenir; esa es la meta y la gloria del historiador, convertir los años pasados y las vidas silenciadas en remembranzas de carne y hueso.

Elda Cento Gómez, la Hija Ilustre del Camagüey, la maestra querida que recibió el Premio Nacional de Historia y otras tantas condecoraciones por sus logros, partió de este mundo para sentarse en el panteón de las grandes figuras que enaltecieron la Ccultura cubana.

Esta pérdida tomó por sorpresa al pueblo camagüeyano, que ve en Elda un paradigma de la historiografía local y nacional.

Sus obras así lo demuestran, pues son una evocación de las raíces de la otrora villa de Santa María del Puerto del Príncipe, urbe plasmada en las páginas en sus Cuadernos de Historia Principeña, los cuales creó y compiló desde que el primer tomo viera a la luz, allá por el año 2001.

Este es un homenaje difícil, como lo son siempre todas las eternas despedidas. Pero me gustaría pensar que la profesora ha convertido su rico hacer en Historia viva de pasión, persistencia y perspicacia.

Su sepelio resuena con ecos de recuerdos personales, de admiraciones y aspiraciones. Ha sido tanta y tan grande la marea de sentimientos que pareciese desbordarse en los ojos de familiares, amigos, intelectuales, el pueblo afligido que acudió a darle un último adiós.

Pero con Elda Cento no hay silencio, no hay olvido, no hay indiferencia, porque ella está en los adoquines de El Camagüey, en los tinajones icónicos de esta tierra, en la ciudad que fue y será suya por hoy y para siempre.

Aquí donde está el legado de Ignacio Agramonte y Loynaz, su ídolo sempiterno; aquí donde queda su cuna glorificada, está y estará Elda Cento Gómez, pues ha dejado su huella imperecedera en la Historia cubana.