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¿Se animan a hacer la prueba?

  • Publicado en Locales

May, 2020.- Cuando mi vecinita de siete años me dijo que lo bueno de esta etapa sin escuela era que podía pasar más tiempo con su familia, supe que más allá del discurso de médicos y sicólogos, los pequeños también reclaman su necesidad del ámbito familiar, aunque quizás todavía no comprendan bien su importancia. Entonces a veces no poder salir tiene sus ventajas.

No digo que sea idóneo, porque no lo es. Los niños necesitan socializar, jugar en espacios abiertos, interactuar con la naturaleza, ver otros rostros y conocer lugares nuevos, pero las actividades, las vivencias y el amor que se comparten en el hogar son vitales para su adecuado desarrollo.

“Regálale a tus hijos experiencias y no juguetes”, leí recientemente en un estudio, y estoy completamente de acuerdo. Ahora que la mayoría está en casa y los días siguen sumando, no podemos pretender que un poco de tarecos, un televisor u otro dispositivo electrónico sea la solución para la intranquilidad o funcione, por sí solo, como medio educativo, porque no son el método correcto para la formación de los infantes; ¿por qué no aprovechar mejor este tiempo juntos?

Si algo bueno tiene esto del distanciamiento social es precisamente la oportunidad de compartir más momentos en familia, o sencillamente estar ahí para los pequeños, ahora que las circunstancias lo permiten, porque muchas veces la vorágine laboral o el simple ajetreo diario nos roban el protagonismo y acabamos perdiendo ese espacio imprescindible donde nuestra presencia es determinante para influir en su crecimiento espiritual y moral.

Ser parte de sus rutinas, insertarnos en su zona de confort, convertirnos en aliados de ocurrencias y travesuras o incluirnos en su selecto grupo de compinches para adecuar juegos e inventar nuevos son claves para no alterar sus dinámicas con tanto aislamiento y para contribuir con el fortalecimiento de esos lazos que sustentan la autoestima, la confianza, el amor y los valores que tantos desvelos nos cuestan.

Créanme que ellos lo agradecen y los padres también, aunque califique entre las tareas más difíciles. Hay que hacer de ama de casa, niñera, maestra, artista, jardinera, deportista, repostera, maga, todo al mismo tiempo, pero afianzamos la complicidad y no nos perdemos sus avances, que a cada minuto sorprenden. Al final del día, sin espalda y con dolor en las piernas, se siente muy reconfortante, y ayuda, incluso, a lidiar con el estrés. ¿Se animan a hacer la prueba?

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