Nov, 2025.- Los hermanos Camilo y Yosvani Betancourt Rodríguez encontraron un nuevo destino en la tierra. Tras años de levantar paredes y cargar ladrillos, dejaron atrás la construcción para entregarse, desde hace más de dos años, al surco y a la semilla.

Estos laboriosos guaimareños despiertan cada mañana con la certeza de que la salud y la voluntad les alcanzan para enfrentar el sol y el cansancio, para abrir caminos entre la maleza y ensanchar las áreas de cultivo. En esos suelos húmedos y fértiles, donde brotan alimentos sanos y generosos, ellos descubren que la disciplina, la responsabilidad y el sentido de pertenencia son la verdadera magia que convierte el esfuerzo en productividad, y el sacrificio en esperanza.


Camilo, que durante casi treinta años condujo el tractor de desechos sólidos hacia el vertedero, cambió de rumbo sin perder el pulso del deber. Ahora, cuando los recursos lo permiten, se sube al vehículo automotor de la granja urbana y vuelve a sentir que su quehacer sostiene la vida, que cada surco abierto es un compromiso cumplido con la agricultura local.

El pasado ´2024´ se unió a esta faena Justo Fermín Leiva Caso, ser humano curtido en el trabajo duro. Fue operador de maquinaria agrícola en la Loma del Corojo y en la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Cuatro de Abril, y más tarde, durante más de 20 años, especialista en aplicar asfalto en la brigada de Mantenimientos Viales. Hoy, junto a Camilo, Yosvani, Rafael Arcángel y Yuniober, vuelve a poner sus manos al servicio de la tierra, con la misma fuerza y entrega que lo han acompañado en toda su existencia.
Los momentos son difíciles, pero más fuertes aún son estos cinco obreros agrícolas. Ellos encarnan la enseñanza del Apóstol de la República de Cuba, José Martí: “Si el hombre sirve, la tierra sirve”. (Foto tomada de Facebook)

