Guáimaro, 6 abr.- En el más oriental de los territorios camagüeyanos muchos creadores ratifican la vocación poética y también el acentuado don literario. En la lista de escritores sobresale el nombre de Miriam Estrada Medina, poetisa que ama a los niños y sueña que sus obras nunca falten en las mesitas de noche de todos los que despiertan el toque de ternura en el hogar.
Sus poemas acumulan la gracia de ser admirables, invitan a reflexionar, aprender y, lo más notorio, obtener de ellos a modo de correspondencia el beso de la inspiración.
Mapucha, Titi y Mamita, Los amigos del Caroní, El libro de los zunzunes son títulos muy bien logrados. Recorrerlos permite admirar las nobles cualidades de la autora que decide compartir el más sublime de los mensajes.
Bellísimas, certeras y breves resultan las descripciones, anécdotas y leyendas que, reales y ficticias, validan la expresión: los versos tienen alma, que es más que tener una vida.
Tiernos y conmovedores se presentan los libros infantiles nacidos del ingenio y la imaginación de Miriam Estrada Medina. Sus textos evocan, envuelven y se declaran subyugadores del más vivo interés. Cuando se abren en la primera página, sus apuntes e historias convocan a leer sin tregua, de principio a fin, y es que la literatura para niños sobresale por su estilo cargado de frescura y la inigualable capacidad de hermanar ingenuidad con sencillez.
Por estos días de abril en que Guáimaro festeja la Semana de la Cultura en su edición 47, la inspiradora de esta página asiste a las actividades, dialoga y comparte con todos su sapiencia literaria, ratificando en cada escenario que su obra mayor está dedicada por siempre a los infantes. (Foto Archivo)
