Otra vez fue enero 28 y los niños con pañoletas rojas tomamos la plaza de la escuela para representar Abdala, el trascendental poema dramático escrito por José Martí cuando sólo tenía 15 años, inolvidables versos que hablan del verdadero amor a la Patria y a la libertad.
Envueltos en sábanas blancas personificamos a la Nubia amada, y otra vez con voz encendida declamamos con fuerza: El amor, madre, a la Patria/ No es el amor ridículo a la tierra/ Ni a la hierba que pisan nuestras plantas/ Es el odio invencible a quien la oprime/ Es el rencor eterno a quien la ataca (...)
El debate simbólico entre el amor de Abdala por su madre y por su Patria, en el que tuvo dominio mayor la última, nos hacía vivir la necesidad de un suelo soberano, donde todos sus hijos estuvieran dispuestos a arrancarles la garganta al tirano con el brillo de sus lanzas, porque más fuertes brillan robustas y valientes nuestras almas!...
… nos hacía vivir el orgullo de pisar tierra libre, de ver cielo azul, y aulas y maestras, y de comparar el amor por mamá con el amor por Cuba porque era tan grande; éramos tan pequeños, pero no necesitábamos lecciones de formación de valores, bastaba con que se acercara el 28 de enero y nos llevaran para la biblioteca a ensayar y repetir otra vez con fuerza: Que me sigan espero los valientes/ Nobles caudillos que el valor realza,/ Y si insulta a los libres un tirano/ Veremos en el campo de batalla!
Era 23 de enero de 1869 y en las páginas del semanario democrático - cosmopolita La Patria Libre cobraba vida este drama patriótico, nacido del corazón de un adolescente que contemplaba orgulloso cómo sus hermanos en Oriente habían decidido lanzarse a la manigua para luchar por su futuro redentor.
A los versos encendidos, de verdaderos méritos literarios y artísticos, a la síntesis poética de la acción, se suma en Abdala la trascendencia de un mensaje ético que alimenta el espíritu de una cultura, rebelde y heroica, que tiene en los versos del joven Martí y en su protagonista de ficción a un paladín de la libertad.
Es enero 23 de 2014 y los cubanos volvemos a recordar el mérito de un hombre que dedicó toda su existencia a garantizar el legado que disfrutamos hoy, 145 años después de la publicación de Abdala. Ya no llevo pañoleta roja, pero puedo escribir de cómo los niños esperan ansiosos el día de envolverse en las sábanas blancas para representar su amor por Cuba, así a su manera, tan ingenua pero franca, por la Nubia de Martí.

