Ya son públicos los nominados a los Premios Lucas 2025. La mesa está servida: seguramente habrá polémica. De cualquier forma, la decisión de un jurado es, sencillamente, la opinión de ese jurado: un posicionamiento. Pero esa misma selección puede dar idea de la pretensión del proyecto Lucas: reunir lo mejor de la producción de videoclips en Cuba, independientemente del género.
En ese sentido, la muestra honra la diversidad de miradas, estilos y maneras de concebir creaciones que, más allá de su propósito inicial de promoción musical, han devenido expresión de notable alcance cultural.
El videoclip cubano hace rato ha alcanzado altos estándares de factura, comparables con lo mejor de la creación internacional. La fotografía, la edición, la dirección artística, la animación y los efectos visuales muestran un nivel técnico que sería impensable sin la confluencia de talentos provenientes del cine, la televisión y las artes visuales.
Pero más allá de esa solvencia técnica, el videoclip cubano se distingue por una aspiración tácita de los realizadores: una producción como arte, como lenguaje con identidad propia, capaz de dialogar con el espectador desde la emoción y la inteligencia.
Y se trata incluso de trascender los valores estéticos: como plataforma para la reflexión. Hay ejemplos en esta selección de obras que abordan temas sociales, existenciales, históricos o simbólicos más allá de la mera ilustración de una canción. En ese sentido, el proyecto Lucas ha servido como vitrina y como catalizador de inquietudes artísticas que encuentran en el audiovisual musical un espacio de libertad creativa.
Desde su fundación, Lucas ha sido también un terreno fértil para consolidar jerarquías. Los premios, las nominaciones, las reiteraciones de ciertos nombres, han contribuido a establecer un mapa del videoclip cubano contemporáneo.
No se puede ignorar su naturaleza promocional, industrial, publicitaria, utilitaria; pero es justamente esa tensión entre lo comercial y lo artístico que hace del videoclip un campo tan interesante.
Y ahí radica la importancia de que una vocación crítica anime siempre la selección de los premios.
No basta con la belleza formal o la perfección técnica. En la evaluación deben confluir consideraciones estéticas, conceptuales y éticas. El arte no es territorio de segmentaciones caprichosas ni de complacencias efímeras.
Un videoclip puede ser visualmente impactante y, sin embargo, carecer de un discurso responsable o de una mirada coherente sobre la realidad que representa. Esa conciencia debe formar parte del espíritu de los Premios Lucas, en tanto espacio de legitimación cultural.
Y claro, se impone la polémica habitual: ¿por qué los nominados al video más popular no siempre coinciden con los mejores del año? El público suele privilegiar el gusto musical, las preferencias personales, sobre los valores de la propuesta visual.
No es un conflicto menor: habla de la distancia, a veces, entre el consumo y la creación, entre lo que emociona de inmediato y lo que perdura por su calidad artística. Lucas, sin embargo, ha sabido aprovechar esa dualidad para fomentar el diálogo entre ambos ámbitos.
Porque, más allá de los premios, Lucas significa una gran ventana. Su propósito esencial es promover la creatividad, estimular la experimentación, visibilizar talentos y ofrecer al público cubano un panorama de lo que puede lograrse cuando confluyen la música, la imagen y la sensibilidad artística.
Nominados al Premio de Mejor Video del año
Eme Alfonso // Origen // Dir.: Daniel Santoyo
Brenda Navarrete // Atúnwá // Dir.: Lena Hernández
Issac Delgado // Eso que dijiste // Dir.: Lena Hernández
Buena Fe ft Omar Acedo // Psiquiatra // Dir.: Po
Wendy, Paola y Karina // Perdidas, empoderadas // Dir.: José Rojas
Yomil // Metido // Dir.: Adrian Martínez y Julio Martínez
Raúl Paz // Te sorprenderá // Dir.: Rocco Paz, Raphael Paz y Sailin Carbonell
(Las obras están disponibles en YouTube y otras plataformas)
