Tierras ociosas en Guáimaro vuelven a la vida útil

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Tierras que se recuperan para la producción de alimentos.Guáimaro, 11 jul.- La entrega en usufructo gratuito al pueblo de tierras declaradas ociosas para explotarlas nuevamente en la producción de alimentos, es una de las principales fuentes de ingreso de capital cambiario y de progreso para las familias guaimareñas.

Aunque la crisis de los años 90 golpeó fuerte la economía cubana, las fincas campesinas dedicadas a la ganadería, la agricultura, la siembra de tabaco, maderas preciosas y frutales sustentaron parte de las necesidades alimenticias de cientos de pobladores de Guáimaro en la última década del siglo XXI.

A través de la Oficina de la Tierra, adscripta a la delegación Municipal de la Agricultura, unas cinco mil hectáreas volvieron a la vida útil de entonces a la fecha, gracias a la sacrificada entrega de cientos de trabajadores disponibles en sus anteriores centros de trabajo que vieron en esa fuente de empleo la posibilidad del sustento a sus necesidades más perentorias.

Hoy decenas y decenas de guaimareños regresan a los campos del municipio para orientarse hacia la cría de ganado vacuno, ovino, caprino, la producción de leche de cabra, de vaca, la obtención de cultivos varios, carne de res y de cerdo, para lo cual reciben créditos bancarios a pagar en plazos de hasta 10 años.

El trayecto a recorrer por muchos de ellos es todavía largo, sobre todo para los que llegaron hace menos tiempo y aun desbrozan marabú y aroma para después cercar una o dos caballerías de tierra, y echarlas a producir en condiciones de una agricultura y una ganadería de secano con maquinarias rústicas.

Esas tierras entregadas en arrendamiento por el estado cubano y también por algunos propietarios privados con hasta 10 caballerías de tierra, han sido desde 1995 hasta hoy inspiración y desvelo para aquellos que por más de 40 años vieron en la vida urbana la opción máxima para sus desempeños profesionales.

Guáimaro, tierra de ganaderos, ve otra vez cómo muchos de sus hijos y haciendas cobran si no esplendor, al menos cierta holgura que les hace creer que de la agricultura y la ganadería familiar se puede vivir decentemente.

 

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