Dic, 2025.- El alcoholismo no es simplemente un hábito, es una adicción que somete y esclaviza a quienes beben sin control y convierten el consumo en dependencia. Con el paso del tiempo, esta erosiona la salud física y mental, y deja huellas profundas en la vida de las personas.
El consumo excesivo de alcohol, conocido, también, como la droga portera, destruye el cuerpo, golpea con fuerza la economía familiar y abre grietas en los vínculos más cercanos: esposos, hijos, hermanos. El amor filial se debilita, las amistades se quiebran y la convivencia comunitaria se vuelve difícil, marcada por conflictos y desconfianza.
En Guáimaro, el Centro de Salud Mental Celia Sánchez Manduley garantiza la atención especializada para quienes buscan liberarse de esta adicción. Allí, un equipo altamente profesional recibe con compromiso y sensibilidad a los pacientes que deciden dar el paso hacia la recuperación.
En la actualidad, los grupos de tratamiento han crecido, reflejo de las características del territorio guaimareño, eminentemente ganadero y con escasas opciones de recreación sana, especialmente durante los fines de semana. Esta realidad potencia la vulnerabilidad de la población frente al consumo de alcohol. (Foto tomada de Habana Radio)